Y fue el regreso esperado

Jugando un muy buen partido Millonarios derrotó al Cali por la mínima y mostró una cara distinta en su debut en el Finalización
Eran las 8:25 pm del sábado 24 de Julio y más de 15 mil personas salían del estadio El Campín con una sonrisa de oreja a oreja cantando alegres "cada día te quiero más. Yo soy de Millos, es un sentimiento, no puedo parar". Claro, era la cara alegre de la victoria, la felicidad, la ilusión y la esperanza. En Millonarios hubo un cambio drástico y en el marco de una noche fantástica el equipo de Richard Páez debutó con todos los honores: venció al Cali, lo pasó por encima y lo mejor, jugó un partidazo, y eso último fue lo que nos dejó más contentos a todos. Este nuevo Millos promete.
Es bueno no pecar de triunfalistas solo por un partido y no pretendo hacerlo, ni quiero hacerle ver a los lectores que por ganarle al Cali ya somos campeones ni nada parecido porque entran en escena "los partidos hay que jugarlos", "nadie gana de camiseta", "aún queda un largo camino" y demás frases de cajón aplicables. Trato de hacer un análisis dentro de las justas proporciones, pero hay que comparar al equipo que ganó hoy con aquel del torneo anterior que le había ganado a Nacional. La diferencia es brutal y la nómina es casi la misma.
Páez nos dejó ver cual va a ser su estilo de juego -al menos en Bogotá- y nos mostró a un equipo ofensivo, que juega bien a la pelota tocando a ras de piso y no tirando pelotazos desesperados buscando alguien que cabecee. Un equipo que juega en terreno del equipo contrario, que tiene una idea clara en la cual junta a sus volantes para hacer tres o cuatro pases seguidos en espacios reducidos y que después puede sorprender con un cambio de frente que genere riesgo. Hace 6 meses a Nacional le habíamos ganado porque Dios es muy grande (ellos ese día fueron más, lejos), mientras que hoy al Cali le ganamos con total merecimiento. Hay cosas por corregir, seguro, y más si se trata del primer partido del torneo, pero el balance general deja muchísimas más cosas positivas que negativas.
Fue el regreso esperado, el marco espectacular con más de 15 mil personas con la fe renovada cantando el ya famoso "Vamos Millos querido, esta campaña volveré a estar contigo" que calentó y amenizó la fría noche Bogotana. En la cancha el equipo salió a comerse vivo a su rival. Ulloque, Vásquez y Érvin juntándose y tocando entre ellos, Pajoy ganándole en el uno a uno a todos los defensas azucareros y volviéndolos locos. Blanco y Rodríguez inmensos recuperando. Millonarios avisó sus intenciones con dos opciones claras que se despilfarraron: primero un remate entrando al área que se fue cerquita del palo izquierdo de Cuadrado y después un pase de la muerte de Pajoy que Érvin no supo liquidar.
El Cali también tuvo su oportunidad ofensiva y lo hizo por medio de Fabián Castillo, quien hizo con Perlaza lo que quiso en los primeros 45, pero más allá de la buena noche que tuvo el jóven delantero, el equipo verde del Valle mostró poco y solo podía esperar a un error en la entrega de los azules para buscar la forma de llegar sobre el arco de Obelar.
Millos era mucho más pero siempre entrando al área los jugadores hacían una de más, bien fuera un enganche que sobraba y permitía que les taponaran el remate, pasar la pelota a un compañero menos perfilado cuando un remate al arco era la mejor opción o simplemente un pase atrasado que permitía que el equipo rival reorganizara su sistema defensivo. La primera mitad parecía irse en blanco hasta que en el último minuto se desequilibró la pizarra: pase largo al área verdiblanca, Pajoy peleó el balón con dos rivales y en esa disputa Andrés Pérez punteó la pelota hacia la izquierda donde apareció Vásquez para clavar un remate a todo el ángulo superior derecho de Cuadrado y desatorar el grito de gol de todos los asistentes, ese grito que estaba ahí guardadito durante dos meses y que al salir produjo una explosión de júbilo que retumbó en todos los lugares del estadio. Fue meritorio para Millonarios porque estaba trabajando el resultado y fue meritorio para Vásquez porque era el mejor de todos los 22 en la cancha.
La etapa complementaria mostró a Millonarios jugando mucho mejor, siempre en terreno del Cali, tocando con sentido y generando riesgos. Ulloque tuvo el segundo cuando recibió un buen pase entrando al área pero disparó al palo que no era y dilapidó la opción. Este buen juego azul duró 27 minutos, tiempo en el cual Millos mereció pasar de largo hasta que dos sustituciones en los Embajadores le dieron respiración artificial a los caleños: Jonathan Estrada ingresó por Vásquez y Robayo por Érvin González, y fue un alivio para el visitante porque Vásquez era junto a Elkin Blanco la figura del partido y quien debía salir por Jonathan era Ulloque, y porque la salida de Érvin y la llegada de Robayo hicieron que Millos perdiera peso ofensivo para ganar en recuperación.
Ahí el Cali tuvo para pasar a ser el dominador y buscar el empate aunque en realidad siempre los ataques verdes se estrellaban en tres cuartos de cancha y la única opción real era la pelota quieta. Los últimos minutos fueron de angustia en la tribuna, pero fue más por el pánico de que se nos arruinara la fiesta que por cualquier otra cosa. En un tiro libre el Cali tuvo la opción de empatar pero Obelar atajó y después generó un contragolpe que casi se convierte en el segundo azul: gran pase de Estrada al vacío hacia Pajoy y el delantero recibió, hizo una finta para dejar en el camino a su marcador y al final la pelota se le fue muy larga y Cuadrado ganó el mano a mano.
Ímer Machado señaló el final y la alegría retumbó en todo el estadio. Millos ganó y lo hizo bastante bien, jugando bonito y con ideas claras. Quedaron cosas para mejorar como por ejemplo la banda derecha que casi siempre perdió ante el ataque rival (primero Perlaza y después Saa cuando lo reemplazó) o que el equipo quedaba partido cuando había una mala entrega en medio campo. Pero por encima de todo quedó la imagen de un equipo que juega bonito, que trata bien el balón y que va al frente. Por eso el triunfo fue inobjetable y la fe e ilusión de los hinchas también.
Para destacar el trabajo de Élkin Blanco, figura del partido junto a Vásquez, y de Pajoy, quien a punta de fuerza le ganó siempre a los defensas rivales. A Pajoy lo que le faltó fue ser más centro delantero e irse menos hacia los costados, pero el es más delantero por las bandas que por el centro y ya regresa Arrechea para que lo complemente. Jonathan Estrada mostró en dos jugadas que está entero al igual que Mera, quien cada vez se aploma más en su rol de capitán. Ah, José Fernando Cuadrado no ha cambiado absolutamente nada, allá en el Cali también juega a quemar tiempo por cualquier cosa.
Pasaron dos meses, Millonarios volvió y sus hinchas también, se hizo una bonita fiesta en la cancha y en la tribuna y al final fue el regreso esperado. Técnico, jugadores e hinchas salimos igual de satisfechos y felices porque el equipo cambió totalmente e ilusiona, aunque también este es sólo el comienzo y el camino todavía es largo. Bien lo dijo Darío Ángel Rodríguez de La Z: "Todo cambia cuando un equipo tiene técnico y presidente".

