Volvió a pasar

Volvió a pasar


Millonarios volvió a pasar por encima de Nacional, pero de nuevo la victoria se enredó y tocó conformarse con un empate que sabe a derrota. Al equipo verde, que es básicamente Pezutti, Moreno y nueve más, le bastó patear una vez al arco para generarnos problemas. Tal como sucedió ante el Huila, Millonarios regaló mucho tiempo en la primera mitad del partido y fue en el segundo tiempo cuando cambió su rumbo.

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En la tribuna, como siempre, Millonarios ganó por goleada. La salida con extintores, rollos y bombas estuvo a la altura del compromiso. Creo que nunca antes vi tantos extintores estallarse en el estadio como la noche del sábado, tanto cuando saltó el equipo a la cancha como tras terminarse el himno de Bogotá. Al frente, los "hinchas" del rival odiado estaban perplejos como siempre, porque allá no terminan de entender cómo es que esta hinchada realiza salidas tan espléndidas, como también quedaron perplejos cuando vieron la bandera humana con bombas que formó la Blue Rain, o cuando en el minuto 13 de la etapa complementaria una lluvia de rollos de papel bajó desde la tribuna norte después de un conteo regresivo furioso por parte de los Comandos. En la tribuna siempre gana Millonarios, una lástima que en la cancha hayan faltado esos cinco centavos para el peso.

El arranque de Millonarios fue fenomenal, en los primeros 10 minutos ya Pezutti era la figura del partido tras atajarle tres remates a Ciciliano que tenían sello de gol y Carmelo Valencia erró un remate que también parecía ser gol. Millonarios arrancó con toda en campo de su rival, que sentía la presión y el ahogo azul, el Embajador era una tromba hasta que a los 18 minutos llegó la jugada que cambió el desarrollo del partido: Nacional recuperó la pelota y el balón fue pasado a Giovanny Moreno, quien eludió a Bedoya y sacó un remate desde fuera del área que se metió en el arco norte del estadio. Fue la primera vez que Nacional se acercó, la primera vez que pateó al arco, y fue gol.

El gol cayó como un baldado de agua fría tanto para los jugadores como para nosotros los hinchas, y a partir de ese momento ese Millonarios arrollador del primer cuarto de hora de juego desapareció, y en su lugar llegó el desespero. Nacional, sin hacer mucho, podía controlar con facilidad los ataques de Millonarios porque el equipo azul jugaba confundido y sin ideas. Era tanto el desespero que todos los pases eran hacia los lados y hacia atrás, y cuando se pisaban los tres cuartos de cancha la falta de ideas hacía que siempre el balón terminara rechazado por un rival.

Del otro lado, ya Pezutti había hecho lo suyo y ya era figura, pero Giovanny Moreno siguió siendo un dolor de cabeza para los nuestros, y cada balón que tomaba era una pesadilla. El paisa eludió rivales, arrastró marcas y hasta puso un pase de la muerte peligrosísimo que por poco se convierte en el segundo gol verde. Nacional jugaba con el desespero azul y la individualidad de Moreno. Nacional era Moreno y diez más. Solo hasta el final de la primera parte, en los últimos cinco minutos, fue que Millonarios pudo sacudirse del golpe anímico del gol en contra y volvió a atacar y poner a los verdes contra las cuerdas, pero otra vez Pezutti estuvo ahí para conjurar el peligro Millonario.

El primer tiempo terminó, y fue como ver el mismo primer tiempo de Millonarios ante el Huila, pero esta vez el rival no tenía uniforme amarillo sino una especie de pijama verde horrible que era una falta de respeto contra la estética y hasta hacía daño en los ojos. Por lo demás era lo mismo, el marcador adverso, el equipo confundido y en resumen, 45 minutos regalados.

Y tal como sucedió ante el Huila, la charla del medio tiempo hizo su efecto y para la segunda mitad Millonarios volvió a salir como una tromba. Apenas al minuto de juego, Ciciliano recibió un pase de la muerte y remató, pero apareció otra vez Pezutti. Tres minutos después fue Vásquez el que recibió el balón entrando al área y remató, pero salió ceñido al palo derecho del golero verde, tanto así que muchos alcanzaron a gritar el fallido gol. Después fue otra vez Ciciliano desde afuera y otra vez Pezutti.

Parecía que la suerte estaba en nuestra contra. El equipo llegaba siempre con riesgo, pero siempre faltaba algo, o aparecía el arquero (lejos, la figura) o algún jugador verde enviaba el balón al córner con cualquier parte del cuerpo. Del otro lado, Nacional ya no atacaba con riesgo. La salida de Moreno arrancando la etapa complementaria privó al equipo verde de llegar con peligro. Sin Moreno en la cancha, el equipo verde era un equipo más del montón, y la zaga azul no volvió a tener problemas ni pasar complicaciones.

Por eso, ante la escasez verde, García se la jugó al todo y envió al campo a León Darío Muñoz por Robayo, que tuvo una horrible noche. Era el todo por el todo, arriesgar dejar sólo a Bedoya en la contención pero darle al equipo más volúmen de ataque. García acertó, ese era el cambio. Por eso dos minutos después de esa sustitución, León Darío Muñoz tomó un centro al área y le pegó a la pelota de una forma poco ortodoxa que confundió a Pezutti (no las podía tapar todas) y se coló en el arco norte del El Campín para desatar el estallido. Millonarios no merecía perder y ya no perdía, pero tampoco merecía empatar porque era mucho más que su rival toda una vida.

Faltaban 15 minutos, y los azules lo buscaron por todos los frentes. Lamentablemente para nosotros, Carmelo Valencia no estaba en su noche, parecía temeroso y lleno de miedo ante su ex-equipo. León Darío Muñoz siguió intentándolo con Ciciliano, Casierra también casi consigue anotar un golazo pero el remate pasó cerca. Sólo faltó ese poquito de definición, ese que nos faltó con Huila y Tolima, por eso cuando Óscar Julián Ruiz (otra vez de pésimo arbitraje y acomodado con el equipo de la visita) pitó el final del partido entró esa desazón, la que se siente cuando tu rival no tiene nada más que un arquero y un gran delantero, que lo pasas por encima y que con todo y eso no puedes ganar porque faltó algo y no alcanzó al final. Y que al frente, unos que se hacen llamar "hinchas" del equipo rival y son una mentira, celebran un empate con Millonarios como si fuese la consecución del mundial de clubes.

El partido estaba para ganarlo y pasar de largo, pero volvió a pasar: la mala definición volvió a jugarnos una mala pasada y los tres puntos se esfumaron.

Con este empate ya son siete los puntos que Millonarios ha dejado ir en casa y que pueden hacer falta al final. La siguiente estación es el Once Caldas en Manizales, y hay que ir por tres puntos que sirvan para recuperar lo perdido de local.
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