¿Visitantes? Solo por calendario

¿Visitantes? Solo por calendario

En las tribunas la fiesta, los cantos, el aliento y la alegría la puso la hinchada de papá.

Hay que ser MUY chico en esta vida para poner en combo la boleta de un partido internacional con la del clásico, único partido al que van masivamente en el semestre. Hay que ser MUY chico en esta vida para que no se haya usado la promoción. Hay que ser MUY chico en esta vida para restringir la boleta visitante hasta el viernes en un único punto de venta. Hay que ser MUY chico en esta vida para que, con todo y las promociones y condiciones anteriores, los rojos no hayan sido capaces de llenar el estadio solitos sabiendo que para ellos, el juego contra Millos sea la fiesta esperada por una quinceañera.

Por el contrario, es MUY grande que la hinchada de Millos, con todo lo descrito en el párrafo anterior, haya sido capaz de ayudarle a su hijo a darle al estadio el marco que merece un clásico capitalino. Hoy, en Santa Fe tienen que estar agradecidos con la hinchada de Millonarios porque fue gracias a los azules que el estadio se llenó. Y después tienen que estar agradecidos porque de no ser por el aliento y los cantos de la gente vestida de azul en Oriental y Occidental, el ambiente en El Campín no fue de silencio sepulcral ante cada gol de Millos que dejó mudos a los rojos. Ellos, que al principio gritaban y hasta le cantaron el gol a los hinchas de papá, terminaron en un silencio digno de ceremonia fúnebre. Dicen que para un padre lo peor es enterrar a uno de sus hijos. Pasa en la vida, no en el fútbol. Al hincha de Millos lo que más le gustó fue haber enterrado la vida de su hijo más bobo de todos.

Los hinchas azules, que no pudieron llevar extintores ni banderas por ser "visitantes" por calendario, apelaron a las bombas, las tiras y los cantos para llevarse de nuevo una victoria más en las tribunas. Los Embajadores eran menos en cantidad, pero siempre fueron más en calidad. Incluso cuando Millos perdía el partido o cuando los resultados en las demás plazas nos tenían eliminados, el aliento a los jugadores nunca faltó. Por eso al final del partido el grupo de jugadores lo primero que hizo fue dirigirse hacia el espacio destinado a la hinchada azul para aplaudirlos en señal de agradecimiento y dedicatoria. En uno de los clásicos más épicos de los últimos años, Millos goleó en la cancha y en las tribunas.

Los años han enseñado que se disfruta más ganar un clásico en el que Santa Fe es local por calendario. Como es el único partido del semestre al que van masivamente, se disfruta más al final ver tanto rojo ofendido y resentido. La victoria es más delirante si, a lo que sucede en la cancha, se le acompaña lo vivido en los noventa minutos en las gradas. A veces no se necesitan tirar extintores para dar cátedra de aliento. A veces, simplemente, es necesario ver la forma de alentar para entender que los demás están a años luz de nosotros.

Millos ganó y eliminó a Santa Fe. Lo hizo en la cancha con categoría y en las tribunas con academia. En el clásico, los Embajadores fueron locales otra vez.

Twitter: @elmechu

 

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