Primer punto en carretera

Por primera vez en el año Millonarios logró conseguir puntos como visitante tras empatar 1-1 con el Huila
Después de tres intentos fallidos, el domingo Millonarios pudo salir de Bogotá y volver con puntos en el bolsillo por primera vez en el año. Otra vez apelando al juego ultradefensivo con la concentración por lo alto sin cometer errores pero con un gran remate de partido en donde de verdad fue más que su rival, el equipo azul logró -por fín- conseguir un buen resultado en carretera al empatar 1-1 con el Huila en el Plazas Alcid. De todas las presentaciones como visitante que lleva Millos en la Liga Postobón, en Neiva fue en donde el equipo Embajador mostró mejor volumen de ataque, o mejor, mostró volumen de ataque.
A la hinchada en general no le gusta la forma en que Millonarios juega sus partidos como visitante. El equipo ultradefensivo, el que juega todo el tiempo metido en su campo dándole la iniciativa a su rival, el que se cuelga de sus tres palos sacando cuanto balón se aparezca por el área, el que juega a no cometer errores y esperar todo el tiempo y el que, cuando llega una situación de riesgo más extrema, opta por reventar la pelota a cualquier parte de la forma que sea así sea la menos ortodoxa de todas. El que juega a no atacar, no genera opciones de gol pero encuentra goles de otro partido en jugadas de otro partido, porque no se preocupa ni por incursionar en terreno rival.
Como cualquier equipo del montón y lejos de la filosofía que utilizaba Millonarios en sus años de grandeza, así funciona el equipo de García y no es algo de ahora, como un equipo chico. El año pasado aquel que terminó siendo uno de los mejores visitantes del Finalización salvó puntos jugando metido bajo los palos y gracias a actuaciones estelares de Óscar Córdoba y en este 2010 el "sistema" no había dado frutos. La estrategia, claro, está lejísimos de llevar algo de estética, pero esto es lo que nos ha tocado, a la hinchada no le gusta pero ante la falta de todo tiene que terminar acostumbrándose a ver participaciones en las que Millonarios simplemente no es Millonarios.
Así fue el primer tiempo de Neiva, que fue el mismo de Manizales con plaza y rival distintos. En la única que tuvo en ataque y sin buscarlo, luego de un remate de Ulloque al que Estacio dio rebote, Arrechea contraremató y vulneró el arco norte del Guillermo Plazas Alcid. Mi hermano, algo endemoniado, gritaba "hay que ganarlo esta vez!" desde otro cuarto de la casa, algo que finalmente no iba a pasar. Claro, era la tercera vez en cuatro salidas como visitante que Millos se iba adelante en la pizarra y la segunda en la que terminaba con la ventaja tras los primeros 45 minutos, y en las anteriores ocasiones el rival empató y terminó goleándonos, la tercera tenía que ser la vencida. Sin querer queriendo, Millonarios salió airoso tras los primeros 45 minutos y se llevó la ventaja parcial al entretiempo ante un Huila que tuvo todo el tiempo el balón pero no pudo pasar del borde del área azul, algo idéntico a lo sucedido hace una semana.
Para la segunda parte el Huila se demoró poco en empatar el partido, cuando corrían solamente siete minutos Carbonero empató de cabeza y puso las cosas como al principio. Aquí fue cuando todos nos asustamos porque sentimos que el "fantasma de la remontada rival" empezó a acechar sobre nosotros, porque apenas ocho días atrás había pasado lo mismo en Manizales y a partir del empate el Huila se fue con todo buscando desequilibrar a su favor, hasta que llegó la "jugada" que le cambió el curso al partido a los 15 minutos del complemento.
Esa "jugada" no fue una finta ni una gambeta, tampoco fue una chilena, un cabezazo o un remate de larga distancia, muchísimo menos una pierna salvadora en la línea de gol o una atajada majestuosa. Nada de eso. La "jugada" que cambió el partido la hizo Luis Augusto García desde el banco: sacó a Boyero y metió a Érvin González. Esa fue la jugada clave del partido, porque con Boyero en la cancha Millonarios parecía jugar con 10 (el argentino no hizo más que vivir en el suelo y no aportó nada), mientras que el ingreso de Érvin le dio al equipo algo que todos queremos que tenga siempre: presencia ofensiva.
Una cosa es jugar al contragolpe y otra, muy distinta, es jugar a defender un punto sacrificando todo lo que signifique o tenga que ver con atacar confiando en la suerte. Por eso Millonarios cambió, dejó de ser el equipo chico que defiende un puntico con uñas y dientes "a lo que salga" y pasó a ser el equipo que iba a aprovecharse del desespero del rival para contrarrestar y generar verdaderas opciones de riesgo como para ganar un partido. Si algo había pasado en Cali y en Manizales era justamente que con el empate Millonarios no tenía argumentos para volver a tomar la ventaja, porque esa ventaja había llegado sin querer como cosa de la suerte y la casualidad. En Neiva, en cambio, el equipo mantuvo su orden defensivo pero no jugó a empatar sino a ganar y mostró volumen de ataque y argumentos reales como para traerse los tres puntos.
Con Mosquera (la gran figura de los azules, hay jugadores del Huila que no van a poder dormir el domingo por su culpa) por la izquierda y con Érvin por la derecha, con Ulloque por el centro (después Vásquez) y con Arrechea en punta, Millonarios estuvo a punto de ganar el partido. De hecho lo que faltó esta vez fue la puntada final, porque en cuatro ocasiones distintas Millos llegó en superioridad numérica y futbolística sobre el arco de Estacio pero siempre hubo una de más o el remate salió desviado. El Huila, en cambio, se perdió totalmente y aunque lo intentó por la banda de Casierra fue poco o nulo el peligro que generó sobre el arco de Obelar.
El partido terminó en empate, fue la primera vez en el año que Millos volvió a Bogotá sin las manos vacías, pero también por primera vez en el año, por lo mostrado en la última media hora del partido, Millonarios mereció más que eso. Mereció más porque jugó de verdad con una identidad y no a defender un empate "a lo que salga", mereció más porque se vio superior a su rival aunque faltó la puntada final, mereció más porque en esa última media hora de juego mostró que se puede jugar con un estilo defensivo sin que eso signifique renunciar al ataque y que se puede tener presencia ofensiva sin verse como equipo chico que sale a las canchas rivales con miedo a perder.
El empate, tras ocho partidos, tiene a Millonarios en la penúltima posición con los mismos puntos de otros tres equipos pero con peor diferencia de goles que todos ellos. Sin embargo, con el partido con Chicó pendiente, Millonarios podría treparse a la octava casilla en caso de vencer a los boyacenses.

