Por nuestros propios pecados…

Millonarios pasó por encima del América pero nuevamente perdió. Cometió todas las fallas que pueden cometerse, no aprovechó, perdonó y por eso fue castigado.
El título en este cierre de semana santa simboliza los 90 minutos más increíbles de este 2010 azul. Millonarios lo hizo todo este sábado, lo bueno, lo malo y lo feo, por eso perdió, y perdió merecidamente. De nada sirve ser más que el otro equipo si minuto a minuto y jugada tras jugada uno termina siendo el rey y el otro el bufón. Hay partidos que miden el termómetro del clima futbolero de un país. El sábado en la tarde los rojos fueron reyes y héroes, y los azules -una vez más- fueron payasos y animadores. Perdimos un duelo de 6 puntos en la tabla del descenso.
No sirve de nada decir que Millonarios pasó por encima del peor América de las últimas tres décadas porque un equipo que tiene a su rival contra las cuerdas y falla dos penales merece perder. Tampoco sirve de nada decir que Millos pasó de perder 0-1 a ganar 2-1 porque un equipo que voltea un marcador y se deja voltear ese mismo marcador merece perder. Millonarios mereció perder, así haya jugado mucho mejor mereció perder, ningún equipo que comete los errores y comete las fallas que cometió Millonarios este sábado merece ganar. Millonarios perdió contra el América, pero primero perdió contra Millos. No es posible, no cabe en la cabeza de nadie que un equipo pueda regalar tres puntos como los regaló el equipo Embajador este sábado, cuando lo tuvo todo a favor, cuando fue más y mejor, pero por culpa de sus propias fallas dejó ir tres puntos que seguro cualquier otro equipo no dejaba pasar así jugara en la B. Este América dio las mayores ventajas, no ganar era un imposible, pero así es este Millonarios, un día gana un clásico y al otro día pierde de la forma más vergonzosa con todo a favor.
Recapitulemos. A Millonarios le pasó el primer tiempo más malo que le podía pasar a cualquier equipo en el planeta: Corrían siete minutos, el partido apenas empezaba y a Casierra le cometieron falta entrando al área. Penal claro, cobró Ulloque al palo derecho del portero y allá fue Viera para atajar el cobro, era apenas el comienzo de una verdadera pesadilla. Después, cuando iban 30 minutos y el equipo "local" no había mostrado ningún argumento ofensivo y era infinitamente inferior a Millonarios, Sergio Galván se aprovechó del error más infantil de la defensa azul para dejar en el camino a un débil Obelar y marcar el gol de la ventaja parcial roja. Pasaron seis minutos más y Érvin González entró al área y fue derribado por Carabalí, fue falta, penal y roja para el defensa americano, Millonarios tenía un hombre más en el campo y otra oportunidad desde los doce pasos para recomponer el camino. Esta vez se paró Ramírez en frente del balón pero cobró tremendamente mal (el reemplazo de Bedoya, como no!) y Viera volvió a atajar. Para terminar de completar, Ómar Andrés Rodríguez dejó las cosas 10 contra 10 tras cometer una falta tan infantil como el cobro de su compañero paraguayo y ganarse la tarjeta roja más innecesaria de todo el campeonato. Así terminó el primer tiempo, perdiendo, desperdiciando dos penales y desaprovechando la expulsión de un jugador del rival.
Millonarios había sido mucho más que el América lejos. Millonarios había controlado el partido a su leal antojo siempre que quiso pero con todo y eso se fue perdedor. Lo único que la anterior frase muestra es que entre dos equipos limitados estaba en ventaja el que menos jerarquía había perdido, y ese fue el América. Había 45 minutos para recomponer el camino y a Millonarios solamente le bastaron 3 para voltear la torta y poner las cosas como debían ser, el marcador y el dominio del partido a favor.
Apenas al minuto de iniciado el segundo tiempo Henríquez contactó de cabeza un tiro libre ejecutado por Ulloque y decretó el empate, y tres minutos después Érvin González logró el segundo gol azul entrando al área tras una gran jugada de Ómar Vásquez. Muy rápido Millonarios pasó a ganar, aún con los penales fallados, aún con la expulsión de Rodríguez. Millonarios merecía estar ganando desde el primer tiempo y ya lo hacía, convirtió lo difícil en algo sencillo y lo difícil en realidad. Del otro lado América estaba muerto, se había ido en ventaja por la casualidad y la buena tarde de su portero, pero cuando estuvo con el marcador adverso se cayó anímicamente, parecía un triunfo cantado que por demás era merecido porque Millonarios era mucho más...
Pero a ese América que estaba muerto Millonarios lo dejó vivir y por eso salió castigado. A ese América inofensivo lo dejaron entrar al área al minuto 65, Obelar escondió las manos y cometió el penal más infantil. Cobró el portero Viera, que ya había atajado dos penales en ese mismo lugar, el arco sur del Pascual, y empató el partido. El portero del América estaba teniendo su tarde soñada a expensas de un Millonarios totalmente falto de jerarquía.
Y Viera terminó de completar su faena a 5 del final, cuando atajó un tiro libre y desde sus manos salió un contragolpe furioso que terminó con el segundo gol de Galván y el tercero de los rojos ante la mirada atónita de todos. Millonarios lo hizo todo para ganar, después lo hizo todo para empatar y tanto al principio como al final hizo también todo para perder. Perdimos, fuimos muchísimo más que el rival, el más limitado América en 30 años, pero un equipo que falla como falló Millonarios merece perder.
Los jugadores del América se quedaron en el campo celebrando la victoria como si hubiera sido una gesta heróica, al portero todos lo buscaban para felicitarle su proeza. Mientras los locales celebraban ese triunfo como si hubiera sido un título, los azules no entendían cómo había pasado todo lo que había pasado. Fue sencillo, Millonarios fue infinitamente superior de principio a fin, pero un equipo que bota dos penales, que no aprovecha el hombre de más y que tras estar perdiendo y voltear el marcador se deja volver a remontar no merece ganar. Millos perdió víctima de sus propios pecados un partido que merecía ganar y hasta por goleada pero que la enorme falta de jerarquía hizo que al final mereciera perder.

