Por fin 101

Por fin 101

Después de tres años y 11 duelos, Millonarios volvió a ganarle a Santa Fe logrando su triunfo 101 en la historia del clásico capitalino.

Luego de tres años el clásico bogotano volvió a jugarse el domingo y Millonarios volvió a ganarlo jugando bastante bien y pasando por encima de su vecino. En cantidad y en calidad, en fútbol y en hinchada, los azules borraron completamente a los rojos. Los comentarios pedantes y prepotentes de los rojos, que creyeron que ganaban de nómina aprovechando la más que evidente crisis institucional de Millonarios antes de jugar se apagaron. Fue la mejor presentación de Millonarios en el año con todo y sus problemas, a un día del verdadero clásico (la asamblea) y hasta jugando sin delanteros, pero Millos fue uno por uno mucho más que Santa Fe, por eso al final se llevó un triunfo más que merecido.

El buen presagio se presentó desde el mismo día que se supo que el juego iba un sábado. Con lo mal que nos ha ido en los clásicos de sábado y con el aliciente de que los últimos clásicos de domingo habían sido azules la esperanza apareció. La salida de García como director técnico y el repunte que había mostrado el equipo ya dirigido sin él ante el Chicó el miércoles también. Incluso la gran noticia del domingo se supo dos horas antes del partido, cuando el diario el tiempo publicó en una nota que Juan Carlos López dejaría la presidencia del equipo en próximos días ante una iniciativa de la DNE y que el hombre llamado a apagar el incendio en lo administrativo sería José Roberto Arango (si, si, son pañitos de agua tibia porque lo que vale es que tanto él como García vendan y se vayan para siempre, pero Arango ha salvado otras empresas grandes como Acerías Paz Del Río, Coltejer y Orbitel). La noticia de la llegada de Arango tuvo sus tintes esperanzadores, por eso más de uno llegó al estadio con una mejor cara, la presión de la hinchada está logrando su cometido, ya el gobierno prometió metérsele de lleno al tema, pero falta un poco más.

Desde el arranque Millonarios mostró que estaba para llevarse el clásico, antes del primer minuto Arrechea hizo figura a Julio cuando este último atajó un furioso remate que tenía sello de gol. El equipo azul jugó todo el tiempo en campo de su rival, y el equipo rojo nunca encontró la forma de pasar de los tres cuartos de cancha. Después de mucho tiempo Millonarios salió a proponer y no se quedó esperando a ver qué pasaba, fue esa tal vez la mayor diferencia entre el equipo que dirigía García con el que ahora dirige Barragán: la vocación ofensiva, salir a atacar y no encerrarse debajo de los palos "a lo que salga".

El vértigo azul tuvo una seria amenaza cuando corría el primer cuarto de hora. Arrechea se lesionó y en su lugar entró Ómar Vásquez con lo que el equipo azul, literalmente, se quedó sin delanteros. Estaban Ulloque, González, Mosquera, Rodríguez y ahora el recién ingresado Vásquez, todos ellos volantes y ningún atacante neto, y con todo y eso el equipo azul se las arregló para inquietar el pórtico rojo varias veces más con riesgo cuando entre todos ellos se juntaban, siempre con Ulloque como eje y llegaban a posición de gol, haciendo del portero santafereño la figura y sorprendiendo a propios y a extraños. Mientras tanto el equipo rojo seguía quieto, desesperado, intentando sacar una jugadita de riesgo pero con todos los canales cortados. Solo en la media distancia pudo el equipo visitante inquietar el marco de Obelar, primero con un tiro libre de Pérez y después con un remate de Quintero. No fue más por los lados de Santa Fe, Millonarios era más, dominó con categoría toda la primera mitad y para cuando finalizó el primer tiempo el empate era injusto para los azules.

Millos era más que su rival pero la supremacía no se veía reflejada en el marcador hasta que empezó el segundo tiempo, y ahí otra vez fue Millonarios el que desde el arranque se fue con todo e impuso sus condiciones, volvió a tener una llegada clara en el primer minuto y esta vez no perdonó: después de un mal cobro de tiro libre de Rodríguez el volante abrió el balón por zona derecha donde estaba Ramirez, el paraguayo levantó un muy buen centro, los centrales cardenales se durmieron y justo ahí en la mitad de los dos apareció Mosquera para levantar la pierna y meter la pelota por el ángulo superior izquierdo de Julio, fue el primer gol de la tarde y el primero de Mosquera como profesional -se lo merecía, ya había dilapidado opciones muy claras en partidos anteriores-, un gol con el que Millos abrió la cuenta y encontró el premio al mérito porque era amo y señor del partido.

Fue ahí cuando el equipo azul bajó la intensidad, se agrupó en la mitad y dejó que Santa Fe reaccionara. Del otro lado Basílico envió al campo a Anchico buscando abrir los costados, pero absolutamente todo lo que el equipo rojo intentó en ataque era muy bien controlado por los azules. Si Santa Fe jugaba por los costados perdía el balón, si jugaba por la mitad también. Si levantaba el balón se lo rechazaban y si jugaba por el piso también. Y cada vez que perdía la pelota acudía a la falta desesperada que tras ser sancionada por el central terminaba desesperando más a los cardenales. Era el partido redondo para Millonarios, ya no solamente ganaba, también tenía a su rival notablemente aturdido y confundido, a tal punto que tenía que pegar para parar el juego. Los niños azules se estaban dando un festín con los descontrolados jugadores rojos. Y el punto máximo del desespero santafereño llegó cuando faltaban 20 minutos: Juan Carlos Quintero pegó un codazo y Ruiz sin dudar le sacó la roja directa. Quintero hizo que el partido fuera todavía más fácil.

La expulsión debilitó más a los rojos y fortaleció más a los azules, que volvieron a aproximarse sobre predios de Julio con el contragolpe. Otra vez esos 5 volantes se las arreglaron para juntarse y generar riesgo. El segundo gol se veía venir y llegó a siete minutos del final: el gran Mosquera entró por izquierda y remató, el palo derecho de Julio dio rebote y apareció Ulloque con el arco solo para empujarla y sentenciar el clásico antes de su fin. Fue para Ulloque el premio justo al sacrificio, lejos fue la figura del partido.

Los siguientes siete minutos fueron para celebrar, para cantar el ole, para tener un poco de alegría en medio de tanta tristeza que nos rodea, para desahogarnos un poco de tantas y tantas malas noticias y de tantos y tantos malos resultados cantando que Millos no tiene marido ni tiene mujer pero sí un hijo bobo que se llama Santa Fe. Para volver a recordar al Millos que gana, para volver a retomar la paternidad que siempre ha estado ahí pero se había escapado tres añitos. Para recordar un poco lo que es ganar y restregarle al rival de patio este triunfo que para ellos era fijo sin jugar, porque su prepotencia los castigó tal como castigó a Nacional. La diferencia estuvo en que la victoria con los verdes tuvo una manito de la suerte porque Millos ese día no jugó bien, mientras que esta vez el equipo había pasado por encima de Santa Fe desde el principio y hasta el final.

En la última jugada del partido descontó Santa Fe, tal vez en el único descuido que tuvo la defensa azul en todo el partido. Afortunadamente ya era demasiado tarde y no había mucho que hacer por parte de los rojos. Millonarios ganó porque hizo todo por el partido, porque en la cancha había un solo equipo y porque hizo todos los méritos posibles para llevarse la victoria. Santa Fe perdió porque pensó que como Millos está peor que nunca iba a ganar con facilidad como una semana atrás, fue pedante y se sintió ganador sin jugar y se le olvidó que un clásico es un partido aparte. Millos tuvo un justo premio al esfuerzo y la dedicación; Santa Fe tuvo el merecido castigo a su prepotencia.

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