La pasión de la gente

La pasión de la gente

(Incluye video) El Campín volvió a vivir una linda jornada en la que todos los sentimientos lucieron, y que terminó como más gusta, con final feliz.

Tal como había sucedido la semana pasada contra Nacional, el Medellín sintió el ambiente hostil que debe sentir cualquier onceno que visite al más grande en su estadio. La hinchada azul volvió a hacer del estadio un total infierno para el rival, se sabía la importancia del duelo y por eso todos y cada uno de los 20.536 asistentes (dato oficial entregado por el Club) se vivieron su propio partido aparte. Desde el mismo momento en el que salieron los equipos, la hinchada jugó un papel importante como lo había solicitado Vikonis en los altavoces del estadio minutos antes.

Desde el inicio, aparecieron los cantos desde todas las tribunas todo el tiempo, primero de alegría con el gol tempranero de Román, luego cuando hubo que apretar al grupo tras el gol del empate y el correr de los minutos que generaban más ansiedad porque ganar era una obligación, y más adelante de delirio puro cuando entraron los dos goles que sellaron la victoria en los minutos finales. También fue la silbatina global cada vez que el rival tuvo el balón o tuvo un cobro a favor, o la puteada -merecida, por demás- a Luis Sánchez cuando pitó lo que no era y amonestó a los que no eran.

Con el 3-1 la ansiedad cambió por felicidad. Hubo espacio para el ole, para cantarle a las madres por su día el "Mamá yo quiero, mamá yo quiero... Mamá yo quiero, Mamá... que hoy ganemos, que hoy ganemos, que si ganamos el Nemesio es carnaval" y hasta para calentar el clásico del próximo fin de semana que cierra el todos contra todos con el "Volveremos a la cancha a acabar con Santa Fe" típico del partido previo al duelo con los cardenales.

Ninguna otra hinchada en el país vive el fútbol con tanta pasión como lo hace la afición de Millonarios. No es solo ir, ver y alentar a su equipo. Es ir y meterse de lleno en el cuento, tomar ese papel del "jugador número 12" y aplicarlo en carne propia. Es vivir y sentir cada partido con el alma y el corazón. Es desaforar toda su energía hacia su equipo y hacer sentir extraño al visitante. Es ir y reir, sufrir, llorar y festejar porque cada gol del equipo es un gol propio. Bien lo dice una de las canciones que se cantan en las populares, "lo que no cambia es la pasión de su gente".

Twitter: @elmechu





Encuesta
¿Para qué está Millos en el 2015?