La Crónica: Junior 3 (5) - Millonarios 0 (4)
Archivo: LosMillonarios.Net (@SgtPepperCDLM)La vuelta de las Semifinales de Liga, al estilo de www.LosMillonarios.Net
(Saltaré el esquema normal de una crónica. Ofrezco disculpas a quien pueda incomodar con mi forma de escribir, empezando por los lectores de este espacio.)
Fueron tres batacazos que transformaron la ilusión, esa que llevaba y suponía una ventaja clara, plausible, en decepción absoluta luego de dos horas de juego en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Intentar comprender qué hicieron mal, qué hicimos mal, no tiene explicación en esta gélida noche bogotana. Muchos hinchas de Millonarios, camuflados entre tantas camisetas rojiblancas que coreaban a su equipo en los momentos claves del partido, sufrieron personalmente cada embate producido por el Junior de aquella ciudad.
Esos tres goles que llegaron en dos tandas (dos en el primer tiempo antes de los 30 minutos que, suponíamos en teoría debían aguantar para tener una tranquilidad mayor, y otro en el segundo tiempo), fueron el abrebocas de algo que, también en teoría, no debió suceder: no dejarse amilanar por un rival que lució menos errático que en su anterior periplo en Bogotá y que debía hacer valer la condición de de local. Algo hizo falta y eso, por ahora, no tiene explicación.
La tanda de los penales, esa que fue sorteada en el Nemesio Camacho ante el Envigado en los Cuartos de Liga en este semestre, fue la que selló una noche que pocos podrán olvidar y otros querrán recordar. Olvidaremos este partido porque, así el fútbol otorgue revanchas en la cancha, los momentos dolorosos deben desaparecer del esquema mental del hincha azul; los demás fanáticos de otros equipos querrán recordarla por el simple hecho del fracaso ajeno. Se relamen en sus heridas. No es para menos: la grandeza embajadora se resume en lo patético del festejo de la derrota ajena. Allá ellos.
Volvamos al tema central. Mayer Candelo no fue quien erró el paso a semifinales, para empezar. Después del penal que le atajase Gastón Pezzutti, ese que "picó" con sobradez absoluta, los cobros que tuvo fueron duros y colocados. El portero local se jugó por un palo. El resto es historia. Los números podrían avalar al técnico, Richard Páez. El equipo que bailó a los barranquilleros el pasado fin de semana no fue un atisbo de parecido en la “arenosa”; ese equipo que entendió el ataque como forma “kamikaze” para obtener resultados positivos o negativos, fue errático por inmensos pasajes del partido. Tuvimos cómo castigar y no quiso entrar. El cambio tempranero de Járold Martínez por Omar Vásquez (cuando Millonarios perdía por dos goles) le dio la razón a ese mismo esquema: ataque frontal pregonado como grito de batalla. Querer ir siempre al frente cualesquiera que fuese el resultado final. Aún con esa idea, sumando la incursión de Elkin Blanco y José Mera casi terminando el encuentro, no alcanzamos.
Las tres opciones de gol no convertidas (Luis Mosquera, Erick Moreno y Edison Toloza) suplieron la misma sentencia que fue escrita minutos después en la definición desde los doce pasos. No fue suerte quedar por fuera de la final de Liga. Los penales nunca son suerte. Cobras bien o cobras mal. Ese es el punto. Pero también los noventa minutos anteriores cuentan demasiado en el caso de Millonarios, noventa minutos de nervios, emoción, corazón y entendimiento. También de desorden, jugadas casi infortunadas y marcajes en todas la zonas del campo.
Quedará el gran recuerdo de 2011. De este equipo que se levantó del suelo, literalmente, que se construye día a día. Los hinchas, socios, abonados, lo recogieron del piso y se encargaron de llevarlo hasta lugares que pocos clubes colombianos pueden aspirar: tener más de cuatro mil socios e igual cantidad de abonados en menos de un año. Eso es algo dignísimo, de aplauso completo. La hinchada juega su propio partido. En la definición por penales quedó condensado todo lo que debe y puede sentir un hincha: la impotencia, la frustración, la rabia, la seguridad y serenidad que se gana con esfuerzo propio, plasmada en la camiseta, en comprar un puesto para un semestre; en hacer 'maromas' para conseguir una entrada por un sistema que tiene más desaciertos que beneficios. Con todos los bemoles que pueda tener la administración de Millonarios Fútbol Club (los errores son para señalarlos y se han demostrado por demás), los hinchas se permitieron soñar, crecer, creer y convencer. Soñar con la estrella catorce, crecer como una comunidad unida pese a las adversidades, creer que no sólo éste “era” el año. Se convenció a todo un país que el nuevo modelo de sociedades anónimas deportivas es trascendental para que el camino de piedra de otras épocas fuese suplido por el modelo transparente propuesto por José Roberto Arango y demás. Se determinó que esta pasión traspasa fronteras, que miles de hinchas embajadores alentarán con más fuerza aún desde Soacha hasta Oceanía. Una camiseta de Millonarios usted la verá en Bogotá, fuera de ella y fuera del país. Esta hinchada es muy grande, es inmensa.
Es obvio que, en la parte deportiva, hay números que satisfacen y que son visibles; números que son resultado del famoso proceso: dos semifinales y la obtención de una Copa Colombia son materia disponible para continuar con el proceso. Otros, mucho más escépticos, opinan que se debe cambiar de timón siendo y el primer objetivo es el entrenador venezolano. La evaluación es materia de quienes administran el club: creemos que ellos tienen la sapiencia suficiente para saber cómo se va a encarar el 2012. Y los retos no son menores: en un año, jugaremos cuatro Ligas, una Copa Colombia, regresaremos a un torneo internacional bastante apreciado por quienes somos jóvenes (Copa Suramericana) y, dependiendo de terceros, la Copa Libertadores. Resultados existen. Errores también. Las opiniones pululan.
Pedir mesura en momentos “calientes” resulta demasiado complicado. Otorgar tranquilidad desde un escrito es una tarea imposible. Entregar una voz de aliento para personas que comparten la misma pasión que se siente por Millonarios es redundante. Lo que respecta a este momento, y más allá de decirle “gracias” a los jugadores que se vistieron la camiseta embajadora en este año, siento una profunda tristeza por lo acontecido. Demasiada. Dolor de alma, dolor de hincha.
Esta “crónica” termina con las siguientes palabras: deseo profundamente, con mi corazón desgarrado, que algún día pueda ver a Millonarios campeón de Liga porque es el anhelo que mi alma pide. Bienaventurados aquellos que sí lo vieron campeón: no saben cuánto los envidio. Seguir construyendo, esa debe ser la tarea. Con jugadores buenos, que sean los mejores, porque este equipo debe aspirar a la excelencia. Que el nuevo año traiga la consolidación de las jóvenes promesas embajadoras que hoy hacen parte de la nómina titular, sean o no convocados: creer en las "fuerzas básicas", "la cantera", debe ser uno de los primeros objetivos. Que haya experiencia también, que lleguen o se queden jugadores que realmente sientan como propia esta derrota de semifinales. Que dichos jugadores tengan una preparación psicológica adecuada para instancias definitivas. Que el club cuente con recursos propios que permitan una mayor facilidad de preparación de nuestros atletas de alto rendimiento. Con una mejor redención para los hinchas, esos que aguantan por amor al equipo la carestía de las boletas para ingresar al Nemesio Camacho. Antes, ¡a Dios gracias!, en menos de un año han hecho mucho más que en una década.
Me limito a creer, seguir adelante y nunca desfallecer.
Nómina titular: Nelson Ramos; Lewis Ochoa, Pedro Franco, Alejandro Cichero, Járold Martínez; Rafael Robayo, Mayer Candelo, Luis Mosquera, Juan Esteban Ortiz; Edison Toloza y Erick Moreno
Nómina Suplente: Luis Delgado, José Mera, Elkin Blanco, Wilson Carpintero, Omar Vásquez.
Cambios: Omar Vásquez por Jarold Martínez, Elkin Blanco por Erick Moreno y José Mera por Alejandro Cichero.
Tarjetas Amarillas: Edison Toloza y Omar Vásquez.
Tarjetas Rojas: no hubo.
Goles: no hubo.
Twitter: @lejameco

