¡Impresentable!

¡Impresentable!

En una presentación para el olvido, Millonarios empató 1-1 con el Deportivo Pasto este sábado en El Campín

Simón, mi sobrino, va a cumplir ocho años el próximo mes de marzo. El niño tiene una particularidad, y es que a diferencia de muchos de nosotros, nunca ha visto a Millonarios perder en El Campín. Ayer, desde el minuto 35 del segundo tiempo, en algo nunca antes visto, se levantó de su silla en Occidental Preferencial Alta y empezó a reclamarle a todos los jugadores de Millonarios. Duró así hasta diez minutos después del pitazo final. Hasta la inocencia de un niño se quebró con la paupérrima presentación de Millonarios ante el Pasto, que sobrepasó todos los límites y sacó de casillas a los casi 20 mil asistentes al estadio.

Las chiflas, las puteadas y los reclamos de la gente al final del partido tienen toda la justificación del mundo. No solo no se ganó, sino que se jugó horrible. Millonarios parecía el visitante y Pasto el local. El equipo nariñense tocaba y tocaba la pelota, dominaba, metía a los azules en su propio arco y el pelotazo desesperado que casi siempre terminaba en un saque de banda a favor del rival parecía ser la única fórmula válida ante la ausencia de variantes e ideas en ataque. 

El Pasto, con muy poco, supo neutralizar el pobre esquema ofensivo de los Embajadores. Así como Yúber Asprilla había roto caderas el miércoles por Copa, Luis Mosquera desplegó lo mejor de su fútbol haciendo ver muy mal a la zaga azul. El partido se jugaba al ritmo de lo que el Pasto quisiera, pero Dios es muy grande, y envió una jugada de otro partido cuando peor jugaba Millonarios. Una pena máxima que Jonathan Estrada cambió por gol finalizando el primer tiempo. Se jugaba horrible, pero se ganaba, y aquí siempre prima el resultado. Hasta ahí, la cosa andaba medianamente bien.

Pero el segundo tiempo fue una pesadilla. Millonarios, el equipo que acostumbró durante generaciones a sus seguidores a golear a sus rivales en El Campín, salió a defender una ventaja de 1-0 en su propia casa. El periodo complementario se jugó todo en el arco sur, donde estaba Vikonis. Pasto fue amo y señor del trámite, Millos esperaba y buscaba contragolpear. Era tan triste lo que se veía, que cuando Millos atacó y tuvo el segundo cerca, el contragolpe derivó en una pena máxima a favor del rival y el 1-1 en el marcador.

Después, Millonarios fue solo un concierto de pelotazos desesperados buscando a Maxi, que era el centro delantero, y que terminaban siendo cabeceados por los centrales del Pasto. El rival, en cambio, a punta de orden tàctico y variantes, siguió siendo el dominador del partido y no se fue victorioso de El Campín porque no quiso. En un estadio adornado con 20 mil prendas de color azul, el equipo de color rojo jugaba como si estuviéramos en Libertad. Desde todas las tribunas sonó el "movete" pero Millonarios nunca se movió, fue muy predecible, dejó de jugar por pelotear, y cedió los primeros puntos como local en la Liga, esos que pueden llegar a doler al final.

Pitó el central y lo ùnico que se escuchó fueron abucheos y silbidos de casi toda la gente  hacia sus jugadores. Algunos tibiamente decían "es el tercer partido, calma" pero la calma se acabó en el mismo momento en el que dejamos de ser los más veces campeones. Esto es Millonarios, aquí no nos pueden arrancar puntos, y menos haciéndonos ver tan mal. Aquí no pueden llegar los rivales a jugar cómodos y hacernos sentir pobres como si fuéramos los visitantes en nuestro propio estadio. Antes aplaudimos y perdonamos miles de malas presentaciones, ya no. Por eso es entendible el malestar de la gente. Lo mostrado por el equipo el sábado no tiene presentación.

Twitter: @elmechu
 

 

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