Imagen repetida

Millonarios no pudo con el Quindío en El Campín
Eran las 10 de la noche del viernes, Millonarios recién terminaba de empatar contra el último de la tabla dejando escapar los primeros puntos en casa del año y jugando mal, y los hinchas bajaban las escaleras del estadio gritando toda clase de improperios al técnico, al presidente y a los jugadores. La escena no ocurría por primera vez, fue la misma escena de años anteriores. La victoria contra Nacional de la primera fecha parece cada vez más producto de la casualidad y la suerte.
A uno como hincha hay cosas que lo alegran, cosas que lo entristecen, cosas que dan pena y cosas que, definitivamente, lo ofenden. El del viernes fue un partido en el que ocurrió todo. Que venga el colero, ese que no ha hecho un gol en dos juegos, que viene de dos derrotas en línea y que venía de ser goleado en casa; y que ese mismo equipo saque un empate de tu casa y se haya visto por momentos mejor que tu equipo da pena. Y si uno revisa minuto a minuto lo que pasó y entra al detalle, se ofende.
Da pena porque en todo el primer tiempo el Quindío, un equipo cuyo único propósito año tras año es el de salvar la categoría y promover jugadores, fue mucho mejor que Millonarios, tuvo menos la pelota pero cuando recuperaba el balón era capaz de llegar al área azul en tres pases. Afortunadamente para nosotros, Carlos Villagra está en un nivel para el olvido y no hizo daño. Ofende porque en todo ese primer tiempo el equipo jugó caminando la cancha, pasando el balón hacia los lados y utilizando como única estrategia ofensiva el pelotazo desesperado al área, el ollazo buscando la cabeza de Hernán Boyero. Exceptuando a Mera y Henríquez, el equipo no corrió, no saltó, no nada. ¿Ideas ofensivas? No habían, Quindío, sin querer, jugó mejor que Millonarios, mucho más aplomado en lo táctico, mucho más ordenado y con muchas más ideas, era un partido de barrio, era un juego de dos equipos chicos, era una tristeza total.
En el segundo tiempo nos alegramos, Millonarios mostró una cara distinta. Aquel equipo displicente y sin ideas de la primera parte había quedado en el olvido. De la mano de Arrechea y sus ganas, y gracias a la entrada de Luis Mosquera por Ómar Andrés Rodríguez (¿jugó Ómar Andrés Rodríguez?), Millonarios inclinó la cancha y puso al jóven equipo rival contra las cuerdas. En los primeros 15 minutos de la etapa complementaria el golero visitante ya había ahogado el grito de gol tres veces. Era otro Millonarios, era otro partido. Con el pasar de los minutos el equipo rival no se volvió a asomar sobre el arco azul y la presión de Millonarios empezó a hacer que Quindío apelara a la típica actitud de equipo chico: quemar tiempo, demorar los saques, hacerse los lesionados para sobreutilizar el servicio de camilleros, etc.
Haber quemado 45 minutos jugando a nada era un factor en contra, pero las ganas mostradas por el equipo en el segundo tiempo invitaban a pensar en que se podía lograr una victoria. La entrada de Subero por Ramírez (por ahora, el paraguayo no es ni la tercera parte de lo que era Bedoya) le dio más presencia ofensiva al equipo. Pero para nuestra mala fortuna, Hernán Boyero fue el artífice del empate sin goles. El argentino corría, cierto, pero cuando se trató de entrar a cabecear (para lo que más lo buscaron) no saltaba, apenas trataba de empinarse y cuando lo hacía era con una falta de seguridad tremenda; llegó al choque sin decisión, algunos ya decían que verlo era ver la resurrección de Arsenio Benítez. Cada error del delantero era una lluvia de insultos desde la tribuna. Alguien que estaba cerca me dijo algo que es cierto: "La culpa no es de Boyero, es de los que lo trajeron", tiene razón.
Faltando cinco minutos para terminar el partido la gente, que había sacrificado todo para ir a ver al equipo, se terminó de impacientar y la emprendió contra García y contra López, los dos artífices de estos años de papelones. García fue más desafiante: ante los insultos de todo el estadio hizo la seña de director de orquesta para que la gente siguiera insultándolo, debe ser la faceta de "piel de cocodrilo" de la que hablaba López hace unas semanas.
El resultado era triste y daba pena, pero lo que pasó en la última jugada del partido fue la puntita del iceberg: Un remate de media distancia pegó en un defensa del Quindío, la pelota le quedó a Boyero en el área chica y el delantero le pegó con el borde externo ante la salida del portero, el remate dio en la base del vertical y rebotó hacia todo el centro del área, donde justamente estaba el argentino. Para redondear la escena, estaban el arco solo, el balón enfrente pidiendo que lo remataran y los jugadores quindianos más cercanos estaban vencidos. Ahí tomó la pelota Boyero y remató, pero el balón se fue por fuera. Lejos, lejísimos fue el blooper del año. Va a ser difícil que esa jugada no quede como la número 1 del "No top Ten" de SportsCenter esta semana, y va a ser difícil que en Diciembre los de TyC Sports no la incluyan entre el resumen del año. Fue terrible, todavía no termino de creer cómo fue que no entró ese balón. Y si antes daba pena el trámite del partido, esa jugada terminó ofendiendo totalmente a la concurrencia. García se metió al túnel de una, salió corriendo para no seguir recibiendo los insultos, al fin y al cabo este es su proyecto deportivo y es el peor proyecto deortivo de toda la historia del equipo.
Y si la jugada de Boyero había sido insultante y ofensiva para con todos los presentes, las declaraciones de Diego Barragán después del partido fueron el postre perfecto para una cena terrible: "lo importante es sumar y sumamos un punto". A eso ha llegado el costumbrismo que desde dentro del club quieren provocar. Si empatar en casa contra el colero está bien porque "se sumó un punto" estamos fregados.
Eran las 10 de la noche y desde Occidental todos puteaban, algunos incluso con lágrimas en los ojos de la rabia que causó haber empatado con el último de la tabla, jugando por momentos peor y con presentaciones estelares tan paupérrimas como las de Boyero. La misma imagen repetida de años anteriores por el mismo proyecto deportivo que no ha dado nada bueno. Cuando se junta la peor administración con el peor proyecto deportivo el resultado no puede ser distinto.
PD: Que sea esta la oportunidad para manifestar mi solidaridad con la gente del programa "El Ballet azul" de Radio Súper. Según un comunicado emitido en el programa radial, los miembros de la plantilla de jugadores de Millonarios recibieron una orden emitida por el cuerpo técnico de no darles declaraciones por una denuncia hecha por las malas condiciones de la concentración del equipo en la finca de Luis Augusto García. Son tantas las malas cosas que pasan que se tiene que llegar al punto de silenciar a la gente por decir la verdad.

