Gracias por todo, mono

Gracias por todo, monoRicardo Lunari celebra la victoria en el mejor clásico de los últimos 25 años. Foto: Diego Pineda (@dontopoide)

Es oficial, Ricardo Lunari dejó de ser el técnico de Millonarios este martes en la noche. El club emitió un comunicado anunciando su desvinculación.

Hace un año, por esta misma época, Millonarios vivía una situación similar a la que se vive hoy. El equipo obtenía malos resultados, el máximo accionista de Millonarios sembraba mala leche entre sus amigotes periodistas, y ellos, a su vez, hacían perfecta la tarea de razoneros y lavaperros sembrando el terror en las redes sociales. La gente, que estaba alterada con la posición en la tabla y las eliminaciones vergonzosas de las Copas Colombia y Sudamericana, tragó entero de todo el show mediático que organizó el dueño e hizo de las redes sociales (hoy, la principal opinión pública por encima de cualquier periódico, programa de radio o noticiero) un festín. El objetivo, anunciar la salida de Juan Manuel Lillo cuando faltaba más de la mitad de la Liga por jugar, la imposición de un técnico interino mientras buscaban soluciones, y el sondeo en redes sociales buscando el reemplazo del español.

Fue ahí cuando apareció el nombre de Ricardo Lunari para llegar a cumplir su sueño, expresado muchas veces antes, de dirigir aquel equipo en el que jugó con pasión y en el que no fue campeón porque el sistema de campeonato del 96 era el fiel reflejo de Dimayor: un desorden circense. Cuando el nombre del "mono" sonó, la gran mayoría de la gente fue la que lo pidió, todo a través de las redes. "El ídolo tenía que venir a dirigir al más grande", era lo que más se leía. Y como el dueño del Club no toma decisiones sino que hace lo que diga Twitter, contrató al argentino y le hizo un contrato de nueve meses, hasta mediados de este año.

La primera etapa del mono como técnico no dejó buenos recuerdos, Santa Fe lo recibió con un 4-1 en su debut, y más adelante Águilas y Medellín también se fueron de Póker enfrentando al Millos de Lunari. Su mayor logro en esos partidos de 2014-II fue golear en Tunja anotando tres goles, algo que nunca antes había pasado. Por demás, la sentencia de eliminación con menor puntaje que su predecesor español. En sus declaraciones de la época, el argentino siempre dijo que no era su equipo y criticó fuertemente la preparación física del cuerpo técnico anterior.

Para el primer semestre de este año, Lunari armó el que sería "su" equipo. Y lo que vimos fue la antítesis de la pesadilla de 2014. Con "su" equipo, Lunari le dejó a la hinchada la mejor campaña como local en torneos cortos, incluso por encima de la siempre recordada de 2012-II. Millonarios terminó con el goleador del campeonato, con la delantera más efectiva de todas y a un penal de la gran final. Ese Millonarios del primer semestre nos ilusionó a todos porque iba derechito a un nuevo campeonato, que era el sueño de Ricardo y el sueño de la hinchada. Para el recuerdo, el clásico del 17 de Mayo, sin duda el más hermoso de los últimos 25 años. Millos, en solo 45 minutos, demostró su paternidad ante Santa Fe, le remontó un marcador adverso para seguir de largo y de paso eliminó al hijo bobo de las finales. Mágico.

Con todo y los números del primer semestre, Lunari siempre recibió críticas de un sector de la afición, sobre todo después de aquel 1-5 frente al Cali en Palmaseca. Entre otras, le criticaban su estilo de juego como visitante y que nunca alineaba a los dos estelares, Federico Insúa y Máyer Candelo, al tiempo.

Para este segundo semestre, sin el goleador, los números del equipo en el arranque no han sido buenos. Siete puntos en igual número de partidos y el puesto 15 en la tabla hicieron que volviera a presentarse la misma situación de hace un año. De nuevo el dueño del equipo aprovecha la crisis para sembrar la semilla de la mala leche a sus amigotes, los "lleva-y-trae" periodistas que por ganar seguidores impregnan las redes sociales y aprovechan el dolor de los malos resultados para servirle de razoneros e implantar el caos.

Entonces, los mismos que hace un año querían al "ídolo" Lunari ahora lo putean. Ya no se meten con el profesional sino con la persona, una persona que en seis meses como jugador solo brindó alegrías y que en su año como entrenador, con sus defectos por la inexperiencia, siempre trabajó por amor a la camiseta. Algunos ni lo vieron jugar. Otros, simplemente, se acomodan más que un desvelado, y llegan al punto de insultarlo. Mientras tanto, el dueño, el verdadero culpable, pasa de agache porque hace su tarea de repartir nombres de posibles reemplazos mientras al que llegó como "ídolo" lo tiraban a la hoguera. El colmo...

Hubo aciertos y hubo errores, por momentos, inexperiencia, pero por encima de todo eso, hubo siempre buenas intenciones y amor y entrega por el escudo. A Ricardo Lunari solo queda darle las gracias en su ciclo como técnico. Personalmente, yo jamás olvidaré que durante seis meses siempre salí sonriendo de El Campín y que el 17 de Mayo de 2015 viví el que, hasta ahora, es el clásico capitalino más lindo de mis 31 años yendo al estadio. El elegido para contar en reuniones familiares cuando alguien pregunta por los partidos que han marcado. Gracias mono, porque apenas hace tres meses toda la hinchada de Millonarios volvió a soñar con ese, "su" equipo, que se quedó a un penal de pelear por la 15. Hoy se acaba su ciclo y lamentablemente el sueño de ser campeón con Millonarios sigue rebeldemente esquivo.

Si su salida era necesaria o no, será tema de otro escrito. Lo que realmente queda, y duele, es la forma patética y antiética en la que sale de la Institución y ese manejo tan falto de valores que se le dio a su desvinculación desde la parte administrativa y desde un sector de la hinchada. Dicen que los amigos se conocen en las malas, muchos de los que pregonaron y pidieron por la venida del "ídolo" en 2014 le dieron la espalda en 2015 y lo matonearon, como si se tratara del peor enemigo. Ni a técnicos como Páez o Lillo, que no son "de la casa", los trataron tan mal como a Ricardo, cuyo mayor pecado, producto de la misma inocencia y de su amor por el equipo, fue servir de apaga-incendios a la junta directiva intentando cumplir su sueño.

Me quedaré siempre con la frase que le dijo a Luis Delgado en el camerino de Palmaseca cuando el Cali nos dejó afuera de la final: "Al menos vos ya tuviste la oportunidad de ser campeón acá, yo no, y me quiero matar porque era una chance única de cumplir mi sueño. Ni siquiera sé si voy a seguir en el Club".

Gracias por todo, mono. Sé que, como el gran hincha que es, seguirá celebrando cada victoria azul en cualquier parte del mundo. El estadio El Campín siempre seguirá siendo su casa. Y allí, en nuestra parroquia, algún día nos volveremos a encontrar...

Twitter: @elmechu

 

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