Fue una linda tarde de amor

Fue una linda tarde de amorLos jugadores celebran la clasificación ante su hinchada luego de derrotar a Santa Fe (Foto: Ingrid León)

Millonarios se impuso en el clásico, ratificó su paternidad hacia los cardenales, aseguró su clasificación a los Playoffs y de paso eliminó a Santa Fe. Todo en una misma tarde.

Si alguna vez Dios me da hijos y luego nietos. Y me da la posibilidad de algún día retratar la historia de un clásico capitalino, el del 17 de Mayo de 2015 se llevará todos los honores. En una sola tarde-noche, el hincha de Millos pasó por todos los estados de ánimo posibles. Primero ansiedad, nervios, luego bronca y tristeza, después desesperación. Era una noche de terror pero en el segundo tiempo todo se convirtió en una auténtica historia de amor, de esas que terminan con el mejor final feliz de todos. Es que, siendo sinceros, el desenlace de hoy no se lo habría imaginado ni el mayor soñador de todos. El clásico 281, que derivó en la victoria número 110 de los Embajadores, solo puede describirse en una sola palabra: PERFECTO.

Y a los jugadores, a Lunari y a su cuerpo técnico, hoy solo hay que darles las gracias porque afrontaron el partido como se debía, porque jugaron cada pelota como hinchas, como se lo pedía la gente. Porque a ellos, y a los hinchas que hicieron sentir local al equipo en un clásico en el que éramos visitantes por calendario, no les importó nada que ni el empate sirviera, o que Costas nunca había perdido un clásico, o que con Roldán la estadística favorecía a los rojos. Al final, Millonarios, como el equipo grande que es (el más grande) fue superior a todo eso y terminó silenciando la fiesta de 15 de los rojos. Es que, si de por sí los santafereños viven con resentimiento y complejo hacia Millonarios, después de lo de hoy se eleva al infinito. Lo de hoy no lo superan nunca más.

En la cancha, Millos era superior, había generado dos opciones de gol clarísimas, pero en la primera que tuvo Santa Fe, en un tiro de esquina, llegó el 0-1 que todavía nos clasificaba por los marcadores de las otras plazas. Entonces, el hincha miraba lo que acontecía en la cancha y de reojo le echaba un vistazo al tablero electrónico, en donde se mostraban los resultados parciales de los partidos de Tunja y Techo. Así llegó el entretiempo.

Para el inicio del complemento, dos noticias que alcanzaron a generar desespero y ansiedad (negarlo sería imposible): gol del Tolima y gol del Junior. Ya jugar con las cuentas no servía para nada. Solo servía ganar. Entonces, lo que parecía un Thriller típico de esos que hemos vivido mil veces se convirtió en la mejor novela de todas. Millonarios, herido en su orgullo y ante la necesidad de solo ganar, impuso su jerarquía como debía ser y, contra todo y contra todos, empató, remontó y siguió de largo.

La esperanza llegó con un cabezazo de Uribe que se fue en cámara lenta hasta el fondo de la red para poner el empate. Ahí se jugaban solo tres minutos del complemento. Luego, tras un muy buen cobro de tiro libre de Máyer, fue Román Torres el que la mandó a guardar para poner el 2-1. Y con eso, la necesidad ya no era de Millos sino de los rojos, los "súper campeones rojos" que estaban afuera y se fueron con todo buscando el empate que los clasificara.

En ese momento, el reloj se hizo más lento y cada minuto era eterno. Así como cada pelotazo de los rojos o cada falta inventada por Roldán era motivo de ansiedad. Era como un conteo regresivo, "faltan 15", "faltan 14", "faltan 13"... hasta que llegó el minuto 90 y Lunari mandó al campo a Gabriel Díaz por Silva para aguantar en los minutos finales. Era defender la ventaja a muerte, y aprovechar cualquier error rojo para liquidarlo. Evidenteente, así sucedió en el tiempo de adición. Maxi y una carrera larga por la izquierda, el argentino solo contra el mundo y Robayo haciendo su mejor registro en los 100 metros por el centro. Ante la salida del portero, Maxi sirvió al centro y el pulmón azul la mandó a guardar. Se acabó el sufrimiento y llegó la felicidad.

Los hinchas, que habían cantado más duro y habían silenciado a la parcial roja desde quince minutos antes, que se habían metido la lavada del semestre en las tribunas, cantaron ese gol en el alma, se descontrolaron, y sacaron de sus gargantas todo su repertorio para darle la despedida más linda a una hinchada amarga y derrotada, con los hits "Millos no tiene marido, Millos no tiene mujer, pero tiene un hijo bobo que se llama Santa Fe" y "El que no salte es una puta cardenal" dentro del repertorio.

En dos horas vivimos todos los estados de ánimo pero el final fue el más lindo de todos, con triunfo al hijo de siempre, clasificación y eliminación del rival, todo en combo agrandado. Ya son 110 las victorias de Millos para quedar con 36 partidos de ventaja en el historial. La paternidad es inminente, pero de estas 110 victorias, por todo lo vivido y lo que estaba en juego, la del domingo 17 de Mayo no la vamos a olvidar.

Twitter: @elmechu

 

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