Fue nuestra noche

Fue nuestra noche

Millonarios logró la segunda victoria del año tras derrotar al Cúcuta en El Campín

La del sábado es la noche que todos nosotros como hinchas siempre queremos que llegue y se repita una y otra vez. Una noche en la cual todo sale bien, nadie refuta nada, el equipo gana y para cuando el central pita el final del partido lo que queda es una comunión entre el equipo y la hinchada, todos salen contentos aquí y allá. La noche en la que absolutamente todo funciona, el fútbol, las ganas y hasta la suerte, que también aparece para darnos alegrías. Todo eso pasó y Millonarios pasó por encima del Cúcuta Deportivo jugando bien y recuperó parte del terreno perdido. Ulloque y Boyero, las figuras.

El pasado miércoles en Barranquilla el equipo ya había mostrado un notable ascenso en lo futbolístico aunque la falta de ambición ofensiva hizo que el equipo viniera sin puntos. Lo del sábado ante el Cúcuta fue seguir con el ascenso en lo futbolístico revalidado con una mejor actitud ofensiva y con goles. Y cuando se necesitó la suerte apareció sobre el final del partido para permitir que el arco azul se fuera en ceros y la diferencia de goles mejorara.

Fue una victoria, por demás, inteligente. Millonarios no salió a comerse vivo al Cúcuta desde el arranque, sino que se tomó su tiempo para ir sacando a relucir las debilidades del cuadro "motilón" poquito a poquito y encontrar el gol sin desesperarse. La estrategia del cuadro azul se basó en jugar en torno a Ulloque, quien ha sido el que le ha cambiado la cara al equipo en los últimos partidos. El volante fue el que dirigió a su antojo el volúmen de juego de Millonarios. Así, Ulloque puso a jugar a sus compañeros y en zona de ataque los papeles se inviertieron con respecto a lo que había ocurrido ocho días antes ante el Quindío: Boyero tirado en las bandas lanzando centros al área y Arrechea como la punta de lanza. Con este sistema y con la presencia de Ulloque en el medio, el equipo ganó en profundidad y se acercó más sobre el pórtico del Cúcuta.

Sin ser avasallador, pero con ese planteamiento tan bueno, llegó el primer gol, un balón al centro del área que Boyero tocó hacia atrás para encontrar a Ulloque, quien remató de primera intención y la mandó a guardar en el arco sur del estadio. Ese gol le dio al equipo el pedacito de tranquilidad que le faltaba para controlar a su antojo el partido. Del Cúcuta, nada. Un equipo livianito, livianito, que no llegó al arco de Obelar ni por equivocación. De hecho y sin ir más lejos, el guardameta azul tenía boleta de VIP para el partido.

Para el segundo tiempo Cúcuta movió las fichas y trató de ser más ofensivo. El envión del visitante duró poquito y las cargas volvieron a su estado natural. Millonarios volvió a hacer del partido lo que quiso, otra vez de la mano de Ulloque y otra vez utilizando a Boyero como la principal arma. ¡Qué diferencia lo de Boyero! Uno revisaba la actuación y comparaba con la presentación ante el Quindío y solo una cosa quedaba: asombro. Por eso Boyero tuvo a los 30 minutos del segundo tiempo su justo premio: lo que parecía un balón controlado por un defensor cucuteño pero Arrechea llegó al encuentro, el defensa cayó aparentemente tras una falta del delantero azul y ante la caída la pelota le quedó servida a Yovanny quien pasó a Boyero y éste último remató de zurda por entre las piernas del portero para poner el segundo en la cuenta.

Ya con el 2-0 a favor la victoria estaba asegurada. Lo que vino después fue un festival de posiciones adelantadas de bando y bando. En el Cúcuta hubo algo más de intención y profundidad pero poco peligro, salvo un gol anulado a Cabrera por posición adelantada.

La felicidad y sobre todo la tranquilidad ya estaban instaladas en la hinchada, pero también apareció la suerte para darnos una manito: en el último minuto de reposición, el central sancionó un penal inexistente a favor del Cúcuta por una "falta" de Élkin Blanco (jugó un gran partido por la zona derecha) en el área que nunca fue, muy seguramente buscando algo de compensación por la jugada que derivó en el segundo gol de Millos. Al frente de la pelota se paró Roberto Polo, remató a la derecha de Obelar y el balón golpeó el vertical y después se fue hacia el otro palo sin traspasar la línea de gol. Obelar estaba vencido, pero el balón no entró. No digo que la manito de suerte haya salvado los puntos, porque con o sin gol Millos ya ganaba el juego (después del penal se acababa la contienda), sino que ese hecho del penal errado ayuda en el ítem de la diferencia de goles.

Terminó el partido, la tranquilidad y la felicidad volvieron para quedarse al menos por una semanita en los hinchas azules y allá abajo, en la cancha, el equipo mostró más del ascenso futbolístico que se había visto en Barranquilla pero lo revalidó con goles. Ahora viene una dura parada en Manizales ante el Caldas de Juan Carlos Osorio.

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