Esperanzador

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Millonarios goleó a Patriotas en su primera presentación oficial del 2016 este domingo en El Campín

Al estadio llegaron más de 25 mil personas, todas (aunque algunos lo nieguen) con pura sed de revancha, con hambre de gloria, con ganas de devorarse al rival en el partido que cerraba la primera fecha del campeonato y que significaba el regreso a la casa de siempre después de más de dos meses de ausencia. A nadie le importaban los resultados de los otros nueve partidos. La gente quería ganar, cantar goles, abrazarse de nuevo con los amigos y con los extraños. La gente quería volver a celebrar después de tanto.

El sueño del hincha era estar 2-0 arriba antes de la primera media hora de juego para saciar esa sed que estaba acumulada durante tanto tiempo. Hubo trancones en los parqueaderos ante la alta afluencia de aficionados azules, hubo gente que se quedó por fuera porque tenía boleta de cortesía y no logró estar a tiempo, hubo una salida linda en Oriental con todo y que el PMU había dañado la fiesta que se había preparado con dos semanas de anticipación. En la ciudad se notaba desde temprano, volvía Millonarios, y nada ni nadie mueve lo que mueve el Embajador.

En la cancha, once hombres vestidos de azul que sentían lo mismo que esos 26 mil en las tribunas. Eran once tipos que también tenían hambre de triunfos y que querían salirse a comer vivo a Patriotas, la víctima de este regreso Embajador. En cada pelota se notaba, todos querían pasarle de largo al rival, hacerle goles y ganarle con contundencia y propiedad. El Millonarios que debutó en el Apertura 2016 fue un equipo lleno de mucha actitud y exceso de testosterona, que antes de cualquier cosa buscaba arrasar con esos de rojo que estaban al frente.

Entonces, aparecieron las buenas jugadas y las asociaciones entre todos, apareció el talento de Jonathan, intacto desde aquel último paso por el más grande. Apareció la explosión de un Lewis Ochoa parecido a aquel que fue campeón en 2012 y del siempre peligroso y diferente Maxi Núñez; apareció el desborde de Machado y la inteligencia de Rojas. Y Millonarios necesitó cuatro minudos para sentenciar el primer capítulo del Apertura: primero un cabezazo letal de Rangel tras centro perfecto de Maxi a los 22 y luego el por fin anhelado primer gol de Machado con esta camiseta, un misil desde la izquierda que todavía tiene al portero rival meditando cómo entró.

Era un Millonarios distinto, un equipo que no jugaba a defenderse como en los últimos juegos de 2015 sino que proponía con buen toque y explosión de las bandas. Un Millonarios que cumplió los deseos y el clamor de su gente, esa que había demostrado en las gradas que ni el peor horario del fin de semana puede detenerla y que es la mejor del país.

El segundo tiempo, ya con todo liquidado, fue de trámite. El cuadro de Israel administró sin problemas la ventaja en todo momento y hasta hubo espacio para que en las tribunas se observara a la gente poniéndose al día entre ellos, contando sus historias decembrinas y demás. Vinieron los cambios, y quedó esa sensación de tranquilidad al saber que esta vez hay un verdadero recambio en el banco. Entraron Macálister, Barreto y Mejía, salieron Rojas, Maxi y Estrada. El equipo en conjunto siguió funcionando igual y poniendo en aprietos a la visita.

Sobre el final, como para ponerle más justicia a la cosa, Mejía puso el tercero entrando al área para ponerle el moño a una muy buena noche que dejó a la gente muy tranquila y contenta, con el pensamiento en la cabeza de que el trabajo de la pretemporada parece haber dado sus frutos y que hay equipo para darle la pelea a cualquiera. Es el primer partido y queda mucho camino por delante, con un clásico capitalino la próxima semana que podría ser el primer medidor bravo del semestre, pero por ahora, lo mostrado por Millos abre una luz de esperanza para lo que se viene en este Apertura 2016.

Twitter: @elmechu

 

 

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