En la tribuna ganamos otra vez

En la tribuna ganamos otra vez

La hinchada azul, menor en cantidad por disposición, volvió a ser mejor en calidad, y se llevó con honores otra victoria en el clásico desde las gradas

De los papelones rojos de sacar un tifo sin gente, o unas tiras en las que el nombre de su equipo sale con letras al revés, o las pancartas patéticas en las que tratan de vernos como hijos cuando les llevamos el doble de títulos, más de treinta juegos de ventaja y como el quíntuple en gente, además de que los hacen con vocablos paisas, no vamos a hablar más de lo que alcance en este párrafo. Su ridiculez no da para más...

Santa Fe entendió desde su parte administrativa que no tenían la gente, que su hinchada no llena nunca, y decidió por fin dejar de lado ese delirio de grandeza para retornarle la tribuna Norte a quien realmente lo merece, la hinchada azul. Los rojos sacaron cincuenta combos, lanzaron promociones, pero nada. Solo les faltó intentarlo con los groupones, igual no iban a vender nada. Su gente, como siempre, no respondió. Por eso optaron por abrirle las puertas a los azules para, como siempre, ayudarles a llenar la cancha y que El Campín no terminara tan vacío.

Y la hinchada azul, que si algo tiene es fidelidad, que no piensa en quién es el dueño de la boletería sino que entiende que al estadio -cualquier estadio- se va a alentar y por eso es la más viajera del país, llegó en masa al máximo escenario de los bogotanos para, otra vez, dar un concierto de aliento a su rival de patio.

Es el clásico en que son locales, el único partido al que medianamente van. El juego en el que tratan de dar lo mejor de sí en las gradas porque para ellos jugar como locales contra Millonarios es como la final del mundial. Empataron en la cancha, y perdieron en las tribunas. Desde que faltaban treinta minutos para que comenzara el clásico se veía venir que la paternidad de la hinchada se iba a mantener. Ese 30% del estadio que se pintó de azul se hizo sentir mucho más que el 70% rojo antes, durante y después del clásico.

Cuando Millos tenía metido en su zona a Santa Fe y parecía que el primero llegaba, del lado rojo todo era angustia y silencio. Llegó el penal para los cardenales y el gol del vecino, momento en el que el hincha rival se sacudió del letargo y empezó a cantar. Necesitaron 82 minutos y estar ganando para hacerse sentir. El karma del último clásico todavía les daba duro.

Pero llegó esa última jugada de Rangel, el penal, el gol del "Pocho" y la celebración con la gente para retornar las cosas a su estado natural. Silencio rojo, gritería azul. "El que no salte es una puta cardenal", "Nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán", "Millos tiene un hijo bobo que se llama Santa Fe", "Millonarios es más grande que su puto Santa Fe". Sonaron todas. La policía trataba de sacar a la gente rápido por la disposición del PMU pero nadie se quería ir. El empate los dejó más fríos de lo que regularmente son, y mientras salían cabizbajos, los rojos tuvieron que escuchar todos y cada uno de los hits de los azules en clásico. La paternidad no solamente ha sido en la cancha, en la tribuna el récord es mucho mejor.

Aplauso gigante para todos los que fueron, sin importar la tribuna, a ver como nuevamente la fiesta de 15 de los rojos terminó en desolación. En la cancha puede pasar cualquier cosa, pero en la tribuna siempre ganamos. Millonarios nunca es visitante.

Twitter: @elmechu

 

 

 

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