El “Pocho” puso la justicia

El “Pocho” puso la justiciaFoto: Antena2

El clásico capitalino 282 terminó en empate 1-1. Federico Insúa rescató el punto para los Embajadores en el último minuto.

Se levantó el tablero electrónico anunciando que se jugarían cuatro minutos de adición. Millonarios perdía 0-1 y el resultado era más que injusto. El equipo, bajo el debut de Rubén Israel, había mostrado una nueva faceta en lo táctico, era más ordenado, por muchos pasajes del partido no dejaba jugar al rival en el primer tiempo. Le faltaba más claridad en ataque pero, salvo los primeros 15 minutos del segundo tiempo, había sido el gran dominador del clásico. Cuando faltaban ocho minutos para el final, que era el momento en el que más encima estaba el azul y hasta Robayo había desplifarrado una acción clara solo contra el portero, llegó una jugada aislada del rojo que terminó en penal y gol de los "leones". No se podía creer.

Entonces, cuando parecía que se nos iba el clásico. Cuando en la tribuna se alcanzaban a observar las caras largas de la gente porque Millonarios no merecía perder. Cuando los santafereños en las gradas ya cantaban celebrando la victoria, apareció otra jugada, todavía inexplicable, en la que Rangel apareció de la nada y peleó el balón con los centrales entrando por la izquierda, les ganó la posición y entró al área para ser derribado por el portero y así obtener a cambio otro penal. De los cuatro minutos de adición, se habían consumido dos.

En ese momento, el hincha piensa mil cosas, sobre todo por los dos penales que había errado Rangel en partidos anteriores. Era clásico, último minuto, no cualquiera puede pararse al frente de la pelota para semejante reto. El elegido fue Insúa. Su misión: ponerle justicia al resultado, salvar un punto y evitar lo que hubiera sido una derrota inmerecida. El "Pocho" lo logró, mandó la pelota al fondo de la red del arco Norte para empatar el partido y salió corriendo a celebrar con los hinchas en Oriental. Federico Insúa puso más justicia al resultado final, porque Millonarios jamás merecía perder el clásico.

En la tribuna los rojos se quedaron callados y aburridos mientras que los azules -que parecían resignados dos minutos antes- explotaron de felicidad para ponerle mejor ambiente al silencio sepulcral del vecino. Como había sucedido la última vez, en el último minuto Millonarios le amargó la "fiesta de 15" a Santa Fe.

Se fue un clásico más, el número 98 del historial por Liga. Millonarios mantiene la paternidad, le sigue sacando 36 partidos de ventaja a su rival de patio y rescató un punto de la nada cuando todo parecía perdido. Por el trámite, por las acciones, por el orden táctico y por las ganas, perder hubiera sido lo más injusto. El Embajador luchó hasta el final y salvó el empate, para dañar la fiesta roja.

Twitter: @elmechu

 

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