Con lo justo

Con lo justo

Un golazo de Hárrison Otálvaro fue suficiente para que Millonarios derrotara al Tolima en juego aplazado y siguiera con vida en la Liga.

La consigna era ganar como fuera. No importaba si era medio a cero o si por goleada. No importaba si era jugando como el Ballet Azul del Dorado o como el equipo que derrotó a Sao Paulo en Brasil. Primaba el resultado sobre el juego, primaban los tres puntos porque se habían dejado escapar cinco en las últimas fechas. Primaba sumar de a tres, no solo para no perderle pista a la zona de clasificación, sino para, literalmente, seguir con vida en la Liga, que entra a su recta final. Ganar era lo único que importaba y Millonarios ganó, no jugó bien ni brilló, pero ganó, y eso es lo que cuenta.

De nuevo hubo cambios en la nómina, y también un poco en el módulo. Hárrison Otálvaro apareció como titular en lugar de Robayo, y en la cancha, Insúa se veía más como delantero que como quinto volante. Los primeros diez minutos fueron para los azules, pero después, fue el Tolima el que se adueñó del dominio de la pelota, generando ocasiones de gol importantes sobre el arco de Vikonis. Los pijaos parecían locales y los azules visitantes, en el Embajador las ocasiones de gol eran pocas, el equipo jugaba muy defensivo y partido en ataque, y cuando tuvimos las opciones, no se concretaron, especialmente con Romero, que todavía sigue en deuda con la gente.

Pero como en el fútbol no gana el que más toque ni el que más tiempo de posesión tenga, sino el que haga goles, cuando terminaba el primer tiempo se desequilibró la pizarra a través de la pelota quieta. Luis Mosquera (otro resistido por muchos) se mandó una gran jugada individual saliendo desde propio campo que solo pudo ser frenada con una falta al borde del área por la zona izquierda. Ahí se paró Otálvaro para, con un cobro magistral, anotar el primer y único gol de la noche. Hárrison, que era el mejor de Millos en ese instante, fue el encargado de resolver con balón parado lo que el equipo no había podido resolver con pelota en movimiento. Faltaban cuatro minutos para el entretiempo, era un momento clave, y los goles de pelota quieta también valen.

El segundo tiempo, en cuanto al trámite, fue peor que lo que se había visto en la inicial. El técnico sacó a Insúa por Robayo, y Millos jugó con el estilo que más odiamos de casi todos los rivales que vienen a El Campín: doble línea de cuatro, corto, tirado atrás, defendiendo a muerte su ventaja, tirando pelotazos buscando alguna contra, pero con Romero perdido. El Tolima era el que atacaba, el que proponía, el qeu buscaba. Los nuestros solo se cuidaban y esperaban, en ocasiones muy bien, sobre todo cuando de controlar a Jonathan Estrada se trataba, pero en otras se veía desorden, sobre todo por la zona izquierda.

El segundo cambio fue el de Agudelo por Romero, y con él, Millonarios fue más peligroso a la hora de atacar. A Agudelo el portero rival le atajó lo que parecía el segundo gol azul, y con él en la cancha, para Millos fue más fácil mover a la defensa contraria y hacerle pasar dolores de cabeza en las pocas ocasiones que hubo. Más adelante, para el aplauso y por el desgaste, Otálvaro -figura azul- salió para darle paso a Candelo. Y así, al mejor estilo de Equidad de pedir tiempo, demorar faltas y simular golpes, Millos terminó su tarea y se quedó con los tres puntos, objetivo único de la jornada que se cumplió. Es claro que el hincha siempre querrá ganar por goleada y jugando fútbol-champagne, pero a esta altura del torneo, cuando comienza la recta final, lo que importa es ganar sin importar la forma o el resultado final.

Viene un puente sin fútbol. Diez días tendrá el equipo para trabajar pensando en Jaguares, el siguiente rival, también en casa y también con la necesidad de volver a sumar de a tres. Podría recuperarse Rangel en este tiempo de para y eso es una buena noticia. Seguimos partido a partido y tendremos diez días para planificar otra victoria, no sirve nada más.

Twitter: @elmechu

Encuesta
¿Para qué está Millos en el 2015?