Ahora si, penúltimos

Ahora si, penúltimos

Millonarios cayó 2-3 ante el Boyacá Chicó en cumplimiento del juego aplazado de la séptima jornada

Por tercer año consecutivo Boyacá Chicó visitó El Campín y se llevó los tres puntos en un partido que parecía derrota fija, pasó a convertirse en un esperanzador empate y en una ilusión de victoria heróica pero al final terminó recordándonos a todos que este es el presente que nos toca, que nos ha tocado hace ya mucho tiempo y que, de seguir como estamos, nos va a tocar seguir viviendo. Ahora sí Millonarios es penúltimo de la tabla sin atenuantes, y no es el peor equipo del torneo porque existe otro equipo que se llama Deportes Quindío, nada más.

De Millonarios ya no queda nada, todo se está yendo de a poquiticos, hasta esa fervorosidad de la gente está empezando a mermar. Los 8 mil o 10 mil que llegaban a cualquier partido clase C no aparecieron el miércoles, llegó menos de la mitad. Las voces de aliento y esperanza fueron sustituidas por ese ambiente tenso y jarto de la resignación y el conformismo. Abajo, en la cancha, la situación es cada vez más deprimente. Está Ulloque, está Arrechea y hay nueve jugadores más limitadísimos que además están muertos del miedo sin saber qué hacer cada vez que reciben un balón. Por eso para el visitante fue tan fácil llevar las riendas durante 44 minutos del partido. Chicó parecía el local y Millonarios el visitante, Chicó proponía y Millonarios lo veía jugar sin siquiera poder mostrar algo de resistencia.

Fue entonces cuando empezaron a relucir todos y cada uno de los errores posibles que puede cometer un equipo de fútbol, todos juntitos en 44 minutos: a Perlaza y Casierra les ganaron la espalda cada que quisieron y las bandas azules eran autopistas sin trancones. Esteban Ramírez  era una máquina para entregar mal la pelota y no le quita un dulce a un niño, y Hernán Boyero era la figura... de la visita, porque todos sus cabezazos eran más rechazos defensivos que jugadas de riesgo en ataque. Millonarios era lo que entre Arrechea y Ulloque podían hacer solitarios adelante. Eran demasiadas ventajas, y Boyacá Chicó simplemente se aprovechó de ellas para volvernos a dar un baile, aquel que se terminó de evidenciar con dos goles producto de fallas grotescas de Obelar y de sus compañeros de defensa y recuperación.

Los dos goles llegaron por la zona izquierda de la defensa azul. En el primero Cardoso ingresó al área y remató ante un muy mal ubicado Obelar y la mandó a guardar, y el segundo nació de un error gigantísimo del meta: tras una gran atajada quiso sacar rápido buscando un contragolpe, le regaló la pelota al rival y Diego Chica le disparó a su palo y la metió. Primer tiempo, minuto 43, 0-2 en contra y deportivamente inferiores. Ah, y antes el Chicó ya se había dado el gusto de desperdiciar otras tantas opciones de gol, hasta Chica había errado una increíble debajo del arco y con Obelar vencido.

Faltando toda la segunda mitad el partido parecía liquidado, pero a Millonarios se le apareció la suerte y el equipo azul se encontró un gol de otro partido, como el de Manizales, como el de Cali, como el de Neiva y como el del reciente clásico. Algo producto de cualquier cosa distinta al buen fútbol. Arrechea remató desde 25 metros, el remate no parecía tener ningún riesgo pero el portero rival dejó resbalar el balón con sus manos y la pelota entró en el arco sur del estadio. Así, como si nada, sin querer, Millonarios volvió a la vida de un partido que parecía sentenciado. O mejor, el portero del Chicó le dio vida a un Millonarios sin alma y lo devolvió a la pelea.

Para el segundo tiempo Barragán envió al campo a Ómar Vásquez por Mosquera y fue otro Millonarios. La presencia de Vásquez le dio al equipo la movilidad extraviada y el equipo tuvo un notorio cambio de actitud. En los primeros tres minutos hubo dos llegadas claras de gol y fue así como Arrechea encontró el empate un minuto después por la vía de la pena máxima luego de una falta cometida contra él mismo. Era difícil de creer, de aquel equipo muerto del primer tiempo, Millonarios pasó a ser el dominador, ahora sí jugaba como si fuera local, ahora sí le tenía la manija al partido y entre Ulloque, Vásquez y Arrechea se encargaron de poner al Chicó contra las cuerdas.

Millonarios merecía irse victorioso, tuvo llegadas claras, el portero visitante era un manojo de nervios y soltaba todos los balones, Vásquez puso en posición de gol a Boyero tres veces pero tres veces el delantero se cayó aparatosamente buscando engañar (?) al central. La emoción perdida regresó por un instante al estadio y la gente se levantó de sus sillas para apoyar y pedir el tercero, este Millonarios limitado era una tromba y Chicó era el que resistía como podía, hasta que desde el banco se encargaron de mandar todo a la basura.

Así como Barragán había recompuesto al equipo con la inclusión de Vásquez, después se encargó de descomponerlo nuevamente. Envió al campo a Érvin González pero en lugar de sacar a Boyero -quien lo único que había logrado despertar en la tribuna era risas por sus aparatosas caídas y su falta de fútbol- sacó a Frey Ramos y con el cambio el equipo se partió, quedó con muchos hombres en ataque, pero dejó a Ramírez solito en la recuperación y ahí el equipo boyacense aprovechó para volver a tomar el control. Millonarios, con todos sus hombres en ataque, solamente pudo apostar al ollazo desesperado, el circuito se rompió con la salida de Ramos y por eso la zona media del campo fue del visitante, que aprovechó semejante "papayazo" para atacar nuevamente y encontrar el tercero de la noche, lo anotó Anthony Tapia de tiro libre a 10 del final. Así como el portero visitante se había encargado de regresar a Millos a la pelea cuando estaba muerto, así también el técnico encargado de Millonarios devolvió atenciones y puso a Chicó ganador otra vez.

Ya no había nada que hacer, Chicó se agrupó, cerró espacios y Millonarios no encontró nunca por donde, más aún cuando en la cabeza de Boyero estaba la mejor arma defensiva del rival: los cabezazos del argentino salían dirigidos a cualquier parte distinta del arco boyacense. Así llegó el final, mientras algunos consumidos por el conformismo aplaudían una derrota en casa contra un equipo chico (por eso estamos como estamos), otros se fueron en ristre contra Ramírez, contra Perlaza, contra Boyero y contra Barragán, el ambiente de resignación volvió y Millonarios ahora sí es oficialmente penúltimo de la tabla, con la mitad de sus partidos terminando en derrota (y esperando con lo que pase con la demanda que puso el Cúcuta para reclamar los puntos que Millos le ganó en la cancha).

Por eso ya no queda nada, ahí está Millonarios, el que alguna vez fue el equipo más grande de Colombia está a 10 puntos del descenso y a 7 (que pueden ser 4) de la promoción. Menos mal existe el Quindío, un equipo que no le ha ganado a nadie y sólo ha metido dos goles. Y que solamente tiene un puntico, el que le sacó como vistante justamente... a Millonarios.

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