Historia repetida

Historia repetida

En su tercera salida de Bogotá, Millonarios cayó 1-3 en Manizales ante el Caldas de Juan Carlos Osorio.

Millonarios ganaba 1-0 al término del primer tiempo tras anotar la única llegada de gol que tuvo. Pero para el segundo tiempo, tal como pasó en Cali, el rival empató, dio vuelta y siguió de largo. Y tal como pasó en Barranquilla, el trabajo ordenado del equipo resistió hasta que se presentó una desatención defensiva que terminó en gol en contra y después anímicamente todo se vino abajo.

Hablar del partido de Manizales es hacer memoria un poquito sobre lo que pasó en Cali el año pasado, lo que pasó en Cali en la segunda fecha y lo que pasó en Barranquilla diez días atrás. Este partido tuvo un poquito de cada uno de ellos. Millos volvió a apostarle al juego aplicado en defensa dejando totalmente de lado el ataque, apelando a no cometer errores para que el rival no tuviera opciones y a buscar en un aventurado contragolpe la fórmula de gol perdida. García optó por jugar con cinco volantes dejando en el banco a Boyero. La estrategia pareció funcionar en el primer tiempo: Caldas tuvo todo el tiempo la pelota pero no hubo ninguna acción de peligro sobre el arco de Obelar, y Millonarios, jugando a defender el puntico y casi sin querer queriendo, encontró el gol de la ventaja en las postrimerías de la etapa inicial en un contragolpe. Se juntaron Arrechea, Ulloque y Casierra, y éste último tomó la pelota desde afuera del área y con un tremendo zurdazo batió la valla del arco sur del Palogrande, golazo, ventaja parcial y entretiempo.

Así fue como Millonarios le había ganado al Cali como visitante el año anterior, jugando a defenderse, sin ánimos de atacar y con un gol (también de Casierra) en la única opción en ataque, hasta el descanso todo funcionaba. Aunque Carlos Antonio Vélez no hiciera más que criticar la pobreza ofensiva azul y el dominio de pelota del equipo local no había objeción alguna. Salvo un cabezazo tempranero de Santoya entrando al área chica, Caldas no nos hizo pasar sustos en toda la primera parte.

Para el segundo tiempo Osorio envió a "los Dayro's": Dayro Moreno y Dayron Pérez a la cancha y con esos cambios el equipo blanco inclinó la cancha a su favor poco a poco, tal como lo había hecho el Júnior en la última salida. Millonarios tuvo dos opciones en ataque en el arranque de la segunda parte: un remate de Élkin Blanco que pasó cerca del palo derecho del portero rival, y un cabezazo de Ramírez tras una gran jugada individual de Arrechea que terminó llegando fácil a manos de Landázuri. Los locales pusieron más presencia en ataque esperando la única alternativa que tenían: un error azul en defensa, que llegó a los 21 minutos del complemento.

Llegó un centro desde la izquierda que encontró la pierna de Santoya para poner una especie de "pase de la muerte", justo ahí Obelar y Henríquez no se hablaron, el defensor punteó la pelota y descontroló al portero, el balón le quedó de nuevo a Santoya quien remató y encontró la mano de Franco para evitar el gol. Tras el "borbollón", tres jugadores caldistas remataron y después de ese relajo el balón entró completamente. En primera instancia, el juez de línea levantó la bandera señalando la mano de Franco que se constituía en penal y expulsión, pero como la jugada siguió y el balón terminó dentro de la red, tanto el central como el línea señalaron el gol. Eso es como cuando uno jugaba en el colegio, "mano y gol es gol".

El empate fue un envión anímico para el local y un golpe sicológico terrible para nosotros. A muchos kilómetros de distancia del Palogrande y viendo el trámite, le dije a mi novia que el segundo del Caldas estaba listito y llegó 10 minutos después, por medio de la fórmula que más le debe doler a García por sus planteamientos como visitante: el contragolpe. En una incursión azul que no hizo daño, un jugador del local recuperó la pelota en su propio campo y envió un pase larguísimo buscando a Santoya, quien punteó el balón para dejar a Henríquez en el camino y seguir derechito y batir a Obelar en el mano a mano. Ahora era el Caldas el que ganaba, volteándonos el marcador tal como ya lo había hecho el Cali.

Fue entonces cuando los hinchas locales se empezaron a escuchar después de tanto silencio, Millonarios no tenía argumentos para siquiera empatar y para el Caldas fue mucho más fácil controlar el partido y buscar el tercer gol que encontró a nueve minutos del final: saque de banda, pase al vacío y definición de Dayro Moreno ante la salida de Obelar que terminó de hundir aún más a un Millonarios inofensivo, livianito y caido que no tenía cómo pelear el empate.

Lo que vino después fue lo mismo de las otras dos salidas azules de Bogotá: ver y oir a los hinchas rivales gozozos divirtiéndose cantando el ole a grito herido mientras su equipo, nuestro rival, tocaba a su antojo la pelota a lo largo y ancho del campo, bailando a un equipo cuyo ánimo estaba más abajo del piso.

Juan Carlos Osorio, el último técnico que nos metió a una fase semifinal, aquel al que aquí trataron de "recreacionista", al que le dijeron que ser campeón no era el objetivo del equipo, tuvo así algo de revancha con García. Decía Carlos Antonio Vélez en la transmisión que "no se necesita jugar bien para ganarle a Millonarios", no pude evitar sentir bronca con el comentarista de RCN, pero en el fondo -al menos en la tarde del domingo- no había cómo decirle que no tenía razón.

Millonarios recibirá este jueves al Boyacá Chicó buscando recuperar los puntos perdidos, el equipo azul cayó a la casilla 12 tras cumplirse el primer tercio del campeonato. Aún en una posición poco digna, la consigna está en pensar que el cuarto está apenas tres puntos por encima.

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