Es para ti, padre querido…

Es para ti, padre querido…

Las siguientes líneas están dedicadas a quien fue el forjador de esta pasión, la persona a la que, junto a mi mamá, le dedico esta estrella 14, la alegría más grande de mi vida.

2798 días esperando este momento...

El 23 de Abril del 2005, la vida me quitó a la persona que desde que nací y hasta el que sea el último de mis días fue, es y será siempre mi mentor, mi ejemplo a seguir, mi ídolo eterno. Un cáncer en el páncreas se llevó a mi papá, la persona que desde chiquito me inculcó todos los valores que me hacen hoy quien soy, incluyendo, obviamente, este amor ilimitado y sin fronteras por Millonarios. La persona que me lo enseñó todo en todo sentido.

Gracias a él, a Luis Francisco Jiménez López, es que hoy yo respiro por este escudo y estos colores. De hecho, la primera vez que yo visité el estadio El Campín fue estando en la barriga de mi mamá. Él fue quien me enseñó que este amor, el amor por Millos, es el sentimiento más hermoso del mundo, y que al equipo había que acompañarlo a todos lados. La historia cuenta que cuando yo tenía un año y medio de edad fui con Millonarios hasta Paraguay a jugar contra Cerro y Guaraní en la Copa Libertadores del 85 de la mano de él; y en el 88 me llevó hasta Barranquilla para ver el partido contra el Junior que definió la estrella 13 y me llevó a dar la vuelta olímpica (la primera en toda la historia del Metropolitano) en sus hombros.

Todavía recuerdo esas épocas en el jardín infantil y en la primaria, cuando siempre me llevaba a El Campín a todos los partidos de la mano y me ponía como condición que si no tenía las tareas listas el domingo a la 1 PM no me llevaba al estadio, y recuerdo una en particular en la que no hice la tarea y me la aplicó: Fue para un partido contra el Bucaramanga en 1989 en el que me quedé por fuera por desjuiciado y lloré de la rabia por el hecho de no poder estar en la que durante 29 años ha sido mi segunda casa.

También recuerdo esas épocas del 96 en la que los partidos eran a las 11 AM y la condición para poder ir al estadio era haber ido a misa el día anterior, y recuerdo un partido contra el Unión Magdalena que no me dejó ir porque, como no fui a la misa del sábado en la noche, debía ir a misa de 12:30 en la parroquia San Tarsicio, en Cedritos. Ese día perdimos, y recuerdo que al llegar de la iglesia se lo dije "¡viste, papi? ¡perdimos porque no me quisiste llevar!".

Recuerdo como desde pequeño sus regalos eran los muñecos de Millos y los aviones de Avianca, y recuerdo la primera camiseta que me regaló comenzando los años 90. Hoy miro en el armario y todas las camisetas que él tenía (auténticas reliquias) reposan allí como parte de esta gran herencia que me dejó. Recuerdo tantas y tantas charlas de Millonarios, su historia y su presente, que para cuando yo iba creciendo no era positivo (él era de los del "paladar negro" que vivieron toda la época de gloria. Él vio, una a una, todas las 13 estrellas anteriores y su número favorito, justamente, era el 13).

Él fue un hincha de siempre, que estuvo siempre en el estadio y nunca fue hincha de radio hasta el año 2002, y fue ahí cuando me dijo que era momento de empezar a ir solo. No recuerdo cuál fue el primer partido que vi con él al lado en el estadio porque ni uso de razón tenía, pero si recuerdo el último de local y el último de visitante: En casa fue el 21 de Julio del 2002, El rival era el Tolima y ganamos 3-2 con "hat-trick" de Rubiel Quintana, el DT de Millonarios era "Cheché" Hernández. El de visitante fue en Villavicencio, el 2 de Marzo del 2003, un empate 1-1 con Centauros con gol de Julián Téllez, dirigía Norberto Peluffo.

También recuerdo que por Millonarios también peleamos: en el 2003 cuando nos quedamos afuera de la final tuvimos una discusión durísima y varios días sin hablarnos, lo mismo cuando perdimos en 2004 con el Caldas 0-4 en Manizales una noche de miércoles y la bronca me hizo hablarle duro y terminar de nuevo agarrados. Cuando llegaba la reconciliación siempre me decía "hijo, yo se lo que mueve Millos, yo te entiendo perfectamente tu rabia".

Quien me conoce sabe que yo rezo siempre antes de los partidos, y entre todo lo que pido, le encomiendo a Dios y a ellos (junto a mi mamá, que también está en el cielo) los 90 minutos y siempre cada victoria está dedicada a ellos y por eso siempre levanto las dos manos y señalo al cielo en señal de dedicatoria. Para no ir más lejos, absolutamente todos mis logros académicos, personales, profesionales, deportivos y demás son para ellos. Y el domingo, cuando recibí la que hasta hoy es la alegría más grande de mi vida, lo primero que hice fue señalar al cielo y pensar en él, en sus enseñanzas, en su herencia simbolizada en mi presencia siempre en el estadio, en el amor por Millos que siempre nos hizo estar tan unidos, en cada recuerdo descrito en los párrafos anteriores, y mientras lloraba se lo dedicaba en silencio a manera de oración. Este logro, el más lindo en 29 años, es para él por haber sido el forjador de esta pasión ilimitada.

Unas horas después, en la carrera 24 con 63, los dos hijos de Luis Francisco se unieron en un abrazo gigante, fraterno, y se sintió como que el abrazo de dos fuera de cuatro porque era como si mi papá y mi mamá estuvieran ahí también, así la distancia entre padres e hijos sea la más grande e inalcanzable de todas. Y estoy completamente seguro de que allá arriba, en el cielo junto a Dios, mis papás también lo celebraron, muy seguramente con una copa de champaña en la mano, de la misma forma que celebraron cuando se enteraron que quien escribe estas líneas venía en camino. Millonarios, mi pasión, salió campeón y yo lo celebré y lo celebro como nunca... es aquí cuando aplica la canción: "esta es la herencia que me dejó papá".

Papá: me enseñaste a ser un padre aunque yo no tenga hijos... Me enseñaste lo más grande: a ser hincha de Millos. Hoy celebro la estrella 14, la celebro con mi hermano y mis amigos. Y esta nueva estrella, la alegría más grande de todas, va dedicada a ti y a mi mamá, al igual que estas líneas que se extendieron más de la cuenta con justa razón. Gracias eternas por tantas enseñanzas, tantas lecciones y tantos consejos; y gracias por transmitirme esta pasión desbordada durante años y nunca dejarla claudicar. Eres mi ídolo y mi mentor, te amo y te extraño. No sabes cuánto hubiera querido tenerte al lado y darte ese primer abrazo de campeones, y mientras las lágrimas salen de mis ojos al escribir esto, recuerdo con mucha nostalgia que Dios me premió demasiado por tenerte a ti y a mi mamá como mis progenitores.

Mi Millos, tu Millos, nuestro Millos ya volvió a salir campeón. Esto es para ti, padre querido... Gracias por tanto.

Twitter: @elmechu

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