El hambre de títulos vs El conformismo

Uno de los factores fundamentales para conseguir los triunfos es tener la suficiente ambición para buscarlos, y no aceptar nada más a cambio
El fin se semana anterior Millonarios inició la serie de partidos amistosos con los que pretende “ponerse a punto” para el inicio del campeonato oficial. Los resultados fueron agridulces pues mientras los juveniles vencían de gran forma por 2-1 al combinado también juvenil de Santa Fe, los llamados a ser titulares caían en Guayaquil ante Barcelona por 2-0 en una gris presentación.
Más allá del resultado, que podría ser intrascendente dado que es una pretemporada, lo que realmente importa y preocupa es la imagen que deja en los hinchas el combinado que cayó en Ecuador: solo chispazos en ataque, pobre trabajo defensivo, poca ambición y los mismos errores de siempre. Todo lo anterior contrasta desfavorablemente con la actitud que colocaron los “pelados” en el gramado del Campín, quienes aparte de calidad futbolística mostraron determinación por ir por la victoria.
En lo personal me preocupa mucho el trabajo defensivo evidenciado por este cuerpo técnico, pues en Ecuador los defensores cometieron prácticamente los mismos errores que vienen cometiendo desde el año anterior sin evidenciar alguna mejora. También me preocupa el hecho de que Millonarios juega “a lo que salga” sin tener un plan de juego definido (y esto también viene desde hace largo rato y habla muy mal del trabajo que se realiza en la semana)… muchas cosas preocupan en este 2010, demasiadas, y eso sin tocar el tema económico e institucional, que no preocupa sino que aterra.
Pero además, hay algo que se percibe en el ambiente: cuando juegan los pelados se siente alegría, ganas, optimismo… se siente que se está para grandes cosas. Cuando juegan los “titulares”, con el banco técnico a pleno, el fracaso ronda en el ambiente: todos los fantasmas resucitan, se pierde la noción de equipo, se siente que todo va a ir para peor y que en cualquier momento va a empezar la apertura de paraguas por el inicio de la campaña. Los juveniles dan la impresión de mejorar como equipo y tener un campo ilimitado de mejora, mientras los titulares de las pasadas campañas dan la impresión de estar a punto de fagocitar a los nuevos refuerzos (en lo personal me parece que Boyero puede funcionar pero si no se trabaja la táctica va a ser muy difícil) y a los juveniles (el nivel de Henríquez se hunde más y más al lado de Mera) en la dinámica del fracaso.
Lo anterior repercute en la hinchada, pues ante los pelados se recupera la identidad de ser Millonarios, la ambición de llegar un día a pelear los títulos, como debe ser, mientras ante los titulares la hinchada entra en un estado soporífero que conduce a la desesperación, o al conformismo. Queda muy claro que los juveniles tienen un verdadero apetito por sumar títulos, por ganar, por ser mejores en su profesión, tienen aún ilusiones ¿Pero los titulares? ¿El cuerpo técnico? ¿LA HINCHADA?
A veces pareciera que tanto los responsables deportivos como los jugadores que llevan algún tiempo en el club ya están acostumbrados a estos desastres y lo ven como algo apenas natural. Ya no sienten las derrotas y no tienen la menor ambición de ganar algunos laureles, y muchísimo menos sienten el orgullo de vestir la camiseta del más grande, que debería siempre estar siempre estampando una estrella más en su escudo. Pareciera que para ellos el seguir en la misma dinámica, sin mostrar alguna mejora (como en el partido del sábado pasado) y más pendientes de la excusas o de sacar el paraguas que de trabajar para buscar soluciones, ya es apenas natural, y por eso pasa lo que desafortunadamente hemos presenciado en los últimos tiempos.
Hace unos pocos meses Gerardo Bedoya dijo “estoy cansado de decirle a jugadores profesionales lo que deben hacer en la cancha”. Más allá de los errores que pudo cometer, Gerardo fue de los pocos jugadores que siempre tuvieron ambición de ganar, que no querían perder ni en la Xbox y que se negaban a caer en el conformismo. Sin embargo, estas declaraciones llevan implícita una declaración de rendición: Bedoya ya se había cansado de luchar contra la corriente, y por eso no es de extrañar que en el último semestre su nivel haya caído notablemente y haya finalmente abandonado el club. Estas declaraciones indican que ya la dinámica del conformismo estaba muy bien instaurada dentro del plantel (y del cuerpo técnico: esas declaraciones de Barragán de “lo importante es entrar a los 8”, o de García orgulloso porque solo faltó un punto para ser octavos los pintan de cuerpo entero), y esto es algo que no se genera de un día para otro, ni se cura de la noche a la mañana.
Pero lo más grave es que esa misma dinámica ha hecho metástasis en un sector de la hinchada, que ya ve como normal tener una nómina muy liviana y con poco trabajo y ambición, y por eso apela al “aguante” mal entendido como un intento desesperado por esperar el “milagro”, pero que al final solo justifica los despropósitos: lo grave no es que se tenga un jugador de baja categoría sino que se le critique, y no es malo que los responsables deportivos atenten contra la rica historia del club, pero sí lo es que no se les apoye 100%. La hinchada de Millonarios es el último bastión de lo que es el verdadero equipo albiazul, y si ellos mismos se dejan arrastrar por la corriente del conformismo y la mediocridad todo estará perdido de antemano.
Para reflexionar los invito a leer esta excelente columna del diario Sport de Barcelona, referente al que actualmente es el mejor equipo del mundo. De ella extracto una frase.
http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=678656&idseccio_PK=1132&h=
“Más allá de los aciertos tácticos, de las opiniones discutibles sobre un jugador concreto, sobre un fichaje, una alineación suplente, un cambio a destiempo o un pase mal dado, lo relevante del momento actual consiste en que seis títulos más tarde el espíritu y la ambición deportiva continúan intactos, buscando nuevas batallas en las que coronarse, nuevos retos que entablar, nuevos rivales a los que desafiar y nuevos peldaños desde los que crecer”.
En un equipo que ha ganado 11 títulos en menos de 7 años, y se encuentra en la cima del mundo, se resalta la ambición por ganar aún más títulos y el dolor por la última eliminación, a pesar de que se produjo de una manera bastante decorosa. Volviendo a nuestra realidad, en un equipo que lleva 22 años sin un título importante y que por tanto no tiene motivos para caer en la “autocomplacencia” ¿Habrá al menos un jugador, no juvenil, al que le duela perder? ¿Habrá un solo miembro del cuerpo técnico o del plantel (e incluso en los directivos y dueños) que piense que el único objetivo válido es el título y que ser octavo es un fracaso? Espero de corazón que Boyero y Obelar, quienes vienen de ser campeones, tengan aún más sed de títulos para tratar de arrastrar a los demás a una dinámica positiva, y que el ejemplo de los juveniles haga alguna mella en los mayores... y sobre todo, espero que la hinchada tenga memoria y no exija jamás menos de lo que merece el verdadero Millonarios, el Millonarios grande y poderoso que Don Alfonso Senior le legó a su hinchada.

