Sinsabor

Un gol legítimo que fue terriblemente invalidado por el árbitro central en la última jugada del partido privó a Millonarios de traerse los tres puntos de Neiva en un partido lleno de altibajos para los azules, sobre todo en la parte defensiva donde hay preocupación. Millonarios permitó goles en los primeros minutos de cada tiempo. Fue el primer partido "oficial" de Bonner Mosquera como técnico de Millonarios (ya había dirigido un partido el año pasado en Neiva para la última fecha con el equipo C cuando el equipo titular viajó a Toluca para la vuelta de las semifinales de la Suramedicana con empate también 1-1). Para esto, Bónner hizo cambios de todo tipo en la finca: No llevó a Neiva ni a Martín, ni a Cochas ni a Astudillo (que jugaron un amistoso en Villa de Leyva ayer y vencieron al Chicó), dejó a Robayo en el banco y puso a Andrés Pérez como inicialista, volvió a alinear a Gustavo Rojas y envió a Tobar a entrenar con los juveniles. Volvió a poner a Érvin como titular y puso como juvenil a Castro, goleador en torneos con las inferiores.
Millonarios comenzó mal el partido, sin acoplarse, y fue por eso que muy temprano, apenas a los 9 minutos, el equipo local se fue arriba en el marcador en un grueso error de marca de Millonarios, otra vez por la zona izquierda, punto debil en los últimos partidos. Millonarios tardó en recuperarse del golpe, pero poco a poco empezó a tener el dominio de la pelota y a acercarse al arco rival. Hubo una opción en la que Rojas cayó en el área y el central pitó penal, pero su juez de línea de Occidental le hizo reversar la decisión. La entrada de Briceño por Castro ayudó en tres cuartos de cancha y el Huila no volvió a llegar con riesgo al arco de Cuadrado. En tres minutos, Millonarios volteó el marcador. Primero, con un remate de Asprilla luego de una habilitación de Briceño en una jugada de tiro de esquina, y después con un gran cabezazo de Jonathan Estrada (el mejor de Millos en el partido) luego de un gran centro de Érvin (muy buen primer tiempo). Con el 2-1 y Millonarios mejor que el rival finalizó la primera parte.
La consigna para el segundo tiempo no era solamente conservar la ventaja, sino también buscar más goles que ayudaran a mejorar la diferencia de gole gravemente afectada con los dos últimos resultados adversos. Sin embargo, Huila tardó dos minutos en empatar, luego de una jugada, otra vez en zona izquierda de Millonarios. A partir de ese momento, fue el equipo de casa el que se apoderó del control del partido y tuvo opciones claras para anotar el tercer gol. Millonarios lució bastante perdido en defensa y el buen ataque mostrado en el primer tiempo se diluyó, en parte por la condición climática y la presión del local. Bedoya sufrió un corte en la ceja, tuvieron que ponerle cuatro puntos y tuvo que abandonar el terreno para darle paso a Robayo, y minutos después el que abandonó por lesión fue Asprilla para darle paso a Santander Ospina. Sobre los 37 minutos del complemento y cuando parecía que Millonarios tenía controlado el empate, Huila anotó el tercero, otra vez por zona izquierda azul (3 de 3). Afortunadamente, dos minutos después el central pitó penal en contra de Briceño por sujeción. Cobró Jonathan, atajó el arquero y el volante tomó el rebote y lo cambió por gol.
Sobre el final, un penal no pitado a favor del local y un gol legítimo de Estrada que significaba su tripleta y la victoria millonaria en la última jugada del partido y que todos cantamos porque todos lo vimos claro, excepto, claro, el juez de línea de Oriental que se inventó un fuera de lugar tan inexistente como increíble. Y con ese gol, y los demás resultados, Millonarios hubiera vuelto al grupo de los ocho. Ahora, el equipo azul bajó una casilla y aunque el octavo lugar sigue muy cerca, el equipo sigue regalando puntos. Ahora se viene la edición 251 del clásico capitalino que Millonarios debe ganar, no sólo para seguir vivo en el torneo, también porque la paternidad evidente así lo exige. Lo preocupante es la zona defensiva, sobre todo en la izquierda, ya que siete goles en contra en dos partidos (o nueve en tres) no son cifras dignas de un equipo como Millonarios.
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