¿Un nuevo comienzo para la misma historia?

Primero un breve apunte para los criticones hinchas de otros equipos que viven pendientes de nosotros: tenemos sed de celebrar, pero puede aclararse que lo que el país vió después de la definición por penales en la Copa Cafam está muy lejos de la fiesta que habrá en el Nemesio, en Bogotá y en toda Colombia, el día que celebremos una nueva estrella o un nuevo título internacional. Eso será otra cosa.
Tenemos nueva indumentaria, nuestros jugadores tienen excelentes implementos y la hinchada - que para el nuevo patrocinador también es muy interesante a nivel de mercadeo - va a hacer que no quiera irse dentro de cinco años. Todo esto del uniforme, de la camiseta que todos queremos ver "sudada", trasciende a las tres líneas o a cualquier marca, y más importante aún es que todos los que la vistamos (torciendo o jugando) nos unamos bajo esa segunda piel para llevar a Millonarios de vuelta a la gloria. Nuestra historia merece ser reeditada y todos tenemos esa responsabilidad. Lo cierto es que cualquier camiseta que tenga ese escudo es la más hermosa del mundo. La familia albiazul ve orgullosa a Arnoldo Iguarán y Willington Ortiz, dos leyendas vivientes del fútbol colombiano, dos de los mejores de todos los tiempos, enfundando la azul sabedores de lo que pesa y lo que significa Millonarios en la historia del fútbol criollo. Ellos son quienes merecen nuestro homenaje porque son testigos y protagonistas, como lo son muchos otros cracks colombianos y extranjeros, de seis décadas de grandeza.
Se oyen réplicas que critican fuertemente por el optimismo, por no llamar a la deserción, por no invitar a unos al entrenamiento para ir a tratar mal a los jugadores, por no renegar de todo y decir que todo es malo, que todo está podrido en Millonarios, que nunca vamos a volver. No puede ocultarse que hayamos padecido nefastos dirigentes o que administrativamente existan puntos de desacuerdo entre la institución y sus seguidores, que las "acciones" de este club deportivo (¿no es acaso "sociedad sin ánimo de lucro"?) estén al menos en parte en manos de gente que no conoce de fútbol ni se interesa por la esencia del club embajador. Todos sabemos que hemos tenido mercenarios que han pasado por el club sin entregarse, sin entender. No podríamos ni siquiera amparados en el sentimiento decir que todo es maravilloso y que no hay cosas por arreglar, o negar que la situación económica del club apenas muestra signos de mejoría después de que estuvimos a punto de cerrar, que sean años ya sin saborear títulos a nuestra altura. Todo esto puede ser, pero si me quedo en ver el vaso medio vacío, y además no hago nada, salvo parlotear, pierdo mi derecho a quejarme. El mensaje para estas personas centradas en ser negativas, que quieren verlo todo mal, que son intolerantes, groseras o violentas: deben alejarse del fútbol. Son ellos los que no deberían ir al estadio, los que no deberían estar detrás de una columna periodística o de un micrófono, o en la tribuna; son ellos los que no deben volver con su mala leche, los que deberían buscar otras cosas que hacer, los que deberían aprender a ver el juego y no solo el negocio, la trampa o la envidia. El fútbol como todos los aspectos de la sociedad es aquejado por corrupción, por intereses económicos, por consumismo, pero para quienes vibramos siguiendo una bandera y un escudo por amor al fútbol, que sentimos esa pasión por nuestro equipo y vamos al estadio apoyando con nuestra entrada y nuestra garganta a equipos buenos y malos que nos han armado, para los que sabemos que en juego largo hay desquite, nos queda la tranquilidad y la ilusión de seguir incondicionalmente y disfrutar cuando nos llegue la hora. La invitación para quienes desean hacer algo para cambiar constructivamente la historia del club, para quienes tienen puntos de vista privilegiados en contraste con el hincha común, es que lleven a la práctica sus iniciativas en paz y con argumentos, preferiblemente con ideas realistas y soluciones, incluso la invitación es a que lo hagan en los espacios apropiados, también en el estadio, que debería convertirse en un escenario para manifestaciones directas de quienes van a llenar la tribuna. Es mas fácil destruir y dividir que proponer para construir.
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Perdimos otra vez en Barranquilla, ese invicto también lleva vivo mucho tiempo. Recordábamos el día del partido que nuestra estrella 13 la conquistamos jugando allá, empatando el partido con un gol de Mario Vanemerack (1-1) la pusimos en el escudo. De pronto esta sea la cábala, hay que quebrar ese mito de que en la arenosa es tan difícil ganar, la primera vuelta olímpica que se dio en el estadio metropolitano, la hizo Millonarios en 1988. En el presente, de vuelta, esta fue una primera prueba de todo el peso viendo a este rival que seguramente encontraremos más adelante en este torneo en pos de la 14, pero fue una prueba que no pasamos, arrancamos briosos frente a un rival con pinta de tigre jugando muy bien y perdimos con el cuero en la mano jugando mal, cometiendo errores. Son ahora tres puntos menos en una carrera por recoger unos 30, ya que 28 no alcanzan, y que irá hasta el último partido del todos contra todos que será de locales contra los que vencimos por penales 4-2 el pasado primero de febrero. Vamos a ver cuánto habremos cosechado para entonces, listos para la final y el campeonato, porque lo único que reivindicará a un equipo como Millonarios 2009 serán los títulos. En una entrevista vi como Quintabani respondía a una pregunta sobre la presión de la hinchada, diciendo que inmediatamente después de que ganemos la 14 la hinchada reclamará otra, y cada vez más logros. A él le cabe eso en la cabeza, y a los hinchas conformes, a los que solo critican ¿qué?.
Tenemos en seguida un juego de locales y dos visitas a Ibagué y Neiva. Plazos cortos para recuperarnos tras un inicio algo desconcertante, mas no desesperanzador.
Sigue creciendo Millos, con tu fiel hinchada volveremos todos a celebrar.
GRANDE EL AZUL Y SU HINCHADA!.
Por: Luis Alberto Rodríguez - pepebogota@gmail.com
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