No hay temor en el amor

No hay temor en el amor

Juan Camilo Bejarano llega a "La Voz Del Hincha" e invita a todos los lectores a entender lo que de verdad significa Millonarios.

Habían pasado varios días desde la primera vez que debuté como asistente en ‘El Campín’ para ver a Millonarios. En aquella oportunidad los dirigidos por Prince se impusieron 2 - 0 contra el equipo verde de Medellín que por esa época contaba con uno de los arqueros más recordados del fútbol colombiano por su juego y sus escándalos, pero sobre todo porque jamás olvidaría el gol de Marcio Rodríguez Cruz y la irrepetible chalaca que le marcaría el rosarino Ricardo Lunari en el minuto 39.

Mi hermano, que por esa época comenzaba a asistir frecuentemente al estadio inaugurado en 1938, me inculcó el amor por la institución más ganadora del país, sin olvidar que antes que eso debía sentir en el alma a Millonarios por ser el equipo de mi ciudad: aquel lugar que me había brindado la primera bocanada de aire para respirar en el otrora Hospital San Pedro Claver, precisamente muy cerca del estadio donde Lunari y John Mario me habían demostrado con su respeto por la camiseta, ese amor incondicional que estaría presente durante toda mi vida.

En mi casa, mis padres nunca se opusieron a que mi hermano frecuentara la cancha que tanta historia le había ayudado a construir a Millonarios y a Bogotá; y pese a la afinidad que mi mamá sentía por el Deportivo Cali (el equipo de su región) aceptó ayudarle a coser varios metros de tela azul y blanca que había comprado junto a otros amigos, para utilizarla como estandarte en la tribuna, pero sobretodo para demostrarle al equipo, que siempre estarían presentes.

El asunto se convirtió en un tema familiar, por lo que mi madre abrió un espacio en su corazón y se dejó contagiar por el frenesí que despertaba el famoso equipo de camiseta azul y pantaloneta blanca, mientras que mi padre -que siempre había sido simpatizante- recordaba cómo mi tío Leonel había fundado junto a otros amigos la Barra Ballet Azul hacía muchos años tal y como estaba haciendo mi hermano en aquel entonces, en un tema que demostraba la influencia de la genética y la magia que tiene el fútbol en la sangre y el cerebro.

En 2001, cuando por cosas de la vida mi hermano falleció, lo primero que pensé fue en que querría irse para siempre con la camiseta azul que había portado con orgullo durante años, el mismo orgullo que yo sentí en ese fatídico momento y que sería la confirmación de mis prioridades en la vida. Millonarios no sería más el equipo de fútbol que me gustaba, sino que sería mi amigo, mi hermano y parte de mi vida.

Al despertar todos los días pienso en las personas que amo, en los que se han ido sin merecerlo, en los sueños por cumplir y en las gestas que hicieron de Millonarios el equipo entrañable y amado. Recuerdo la inteligencia y visión de don Alfonso Senior en un momento histórico en el que el país necesitaba más alegrías que de costumbre, recuerdo la valentía de los héroes que quedaron deshidratados de tanto correr por el honor de portar el escudo que llevaban en el pecho, recuerdo ver a mi hermano en el Atanasio Girardot por la señal del desaparecido Noticiero NTC luego de decirle mentiras a mis papás para poder presenciar aquel subtítulo de 1996, recuerdo cientas de películas imaginarias que construyo cuando me dirijo hacia el trabajo y que siempre muestran los títulos de Millonarios sincronizados con las grandiosas melodías de Gustavo Santaolalla, The Cinematic Orchestra, Hans Zimmer y Ennio Morricone, recuerdo los maravillosos momentos en los que pude recorrer tierras insospechadas portando siempre algún elemento alusivo al equipo Embajador, recuerdo las decenas de personas que a kilómetros de distancia y en otras lenguas miraban el escudo que llevaba en el pecho y levantaban el dedo gordo de sus manos en señal de simpatía, recuerdo a la señora que vendía los chorizos con arepa en el Carulla de la 57 diciéndome que aquel gol agónico de Conde contra el DIM en cuadrangulares finales era el que más se había escuchado en los 20 años que llevaba trabajando ahí, recuerdo a esa señora de aproximadamente 70 años que apenas me vio entrar a una de las tribunas del ‘Monumental Antonio Vespucio Liberti’ gritó: "¡Ché!.. ¡Millonarios de Colombia!".

Recuerdo a todas esas personas que en pueblos lejanos de Bogotá como Bugalagrande, Zarzal, Gachalá, Gama, Caloto, Silvia, Puerto Colombia y Puerto Berrío sonrieron al ver que mi camiseta era azul y me compartieron su experiencia como embajadores del equipo en sus lugares de nacimiento, recuerdo la imagen de Carlos ‘la Gambeta’ Estrada lleno de lágrimas cuando obtuvimos el campeonato de 1987, recuerdo también aquel hincha emocionado que al finalizar el partido contra Junior se lanzó al suelo para agradecerle a la vida por una estrella, recuerdo las boletas con el nombre del rival de patio tachado en épocas escolares y también recuerdo las manualidades que hace mi pequeña sobrina cada vez que cumplo años y que siempre llevan el grandioso escudo de los dos aritos y la M, recuerdo todas las fotos que he tratado de tomar de manera perfecta con alguna maravilla arquitectónica a mis espaldas y el escudo en el pecho reluciente, recuerdo la ansiedad generada en partidos decisivos y por ende mi desconcentración absoluta en lo que estaba haciendo, recuerdo las burlas y las ofensas de algunos que por razones específicas odian a Millonarios y se atreven a decir que ya no existimos, recuerdo a ese equipo que después de 24 años sigue sin ser campeón de la Liga pero genera todo tipo de opiniones y reacciones en las cafeterías y calles de la ciudad, recuerdo todas las bendiciones que mi padre me ha dado antes de irme para la cancha con la intención de protegerme y que ganemos, recuerdo también la camiseta Cristal Oro con la que mi hermano fue enterrado y la LG manga larga que me regaló de cumpleaños antes de irse para siempre, recuerdo cómo en el colegio, el barrio, la Universidad y el trabajo siempre me han relacionado con Millonarios, recuerdo a los hinchas secuestrados que a pesar de la penumbra siempre mostraron en sus pruebas de supervivencia el escudo con honor, lealtad y orgullo, recuerdo a todos los que dijeron que no podían morirse sin ver a Millonarios campeón y lo hicieron sumergiéndome en una gran tristeza, recuerdo a los amigos de mi papá que sin ser de Millonarios siempre se han dirigido con respeto hacia el equipo porque lo vieron desde otra tribuna ganar todo, recuerdo cuando el tío de uno de mis mejores amigos, fanático de Colo Colo me conoció en Santiago y dijo: "¡Claro que sé quiénes son Millonarios!… ¡son el Millonarios del ‘Caimán’ Sánchez!".

Recuerdo los cientos de cuadernos y hojas de papel rayadas con frases alusivas al equipo y escudos deformes que querían asemejarse al original, recuerdo la gloria de los días pasados... respiro y vuelvo a escribir... recuerdo a todos los hinchas que dicen ser de Millonarios convencidos de que no lo son tan solo por llevarle la contraria a equipos rivales y enemigos, recuerdo cuando paso en Transmilenio al frente de ‘El Campín’ y siempre me giro para mirarlo aunque sea por un instante, recuerdo a Juan Gilberto Funes y las imágenes de sus padres con un nudo en la garganta hablando sobre su hijo y Colombia, recuerdo las palabras de los ídolos que sintieron ésta camiseta como piel y se me enchina de saber lo que habrán sentido cada vez que marcaron un gol o hicieron una atajada espectacular, recuerdo la triste muerte de Jaime Morón y me dan ganas de llorar, recuerdo la prensa y las redes sociales repletas del nombre del equipo en sus contenidos a pesar de tantos años de oscuridad, recuerdo la joda de los que no son azules pero se guardan sus palabras de desprecio porque saben que pueden herirme y tengo el derecho de hacerlo porque es como si me quemaran los brazos con un cigarrillo, recuerdo las tumbas de los cientos de hinchas muertos que reposan en el Cementerio Central y que sus familias los honraron poniéndoles el escudo en sus lápidas, recuerdo a mis amigos en el extranjero que se han trasnochado por ver aunque sea un minuto de partido del equipo sin importarles que la señal se caiga a cada rato y los chats se congestionen, recuerdo el mal que el periodismo deportivo y los directivos incompetentes nos han hecho y espero que al menos encuentren en la vida una oportunidad para ser perdonados, recuerdo las camisetas que intercambié con mis amigos de la Universidad de Chile, River Plate y SS Lazio porque quise hacerles sentir la grandeza del famoso Embajador, recuerdo la alianza que hicieron los hinchas rojos y verdes en Soacha en el año 2000 con el fin de menguar la alegría y el orgullo que siempre ha tenido la gente embajadora, recuerdo a mi padre preocupado porque no alcanzaría a hacerme el poder para representarlo en la Asamblea de Socios pues como yo no estaba trabajando, me había prestado sus documentos para hacernos a una acción, recuerdo el gesto bondadoso de los foristas de LosMillonarios.net que apadrinaron a quienes no teníamos ingresos suficientes para poder hacernos socios, en una muestra de generosidad y amor por el equipo, recuerdo la emoción que me surgió cuando vi el famoso mapa que mostraba desde dónde estaban ingresando hinchas en el mundo para asociarse, recuerdo tantas cosas que tendría que resumir mi vida. Recuerdo y vivo a Millonarios.

Y aunque sea paradójico, los recuerdos no se quedan en el pasado, son los que mantienen viva la llama de la esperanza para volver a levantar una copa, son los que quisiera que vivieran los directivos y demás hinchas que hoy por hoy le hacen fuerza al rival de patio en la final que están jugando aduciendo que lo hacen por la ciudad y no se dan cuenta que si fuésemos nosotros, habríamos recibido millones de improperios y tendríamos más enemigos que de costumbre.

Siempre he creído que el amor por Bogotá no debe confundir nuestra naturaleza de hinchas del equipo más hermoso del mundo, con frases de aliento a quienes nos han ofendido y han sacado en cara durante los últimos 20 años triunfos que suponen son totalmente ilícitos. El fútbol y los colores son radicales y si bien algunos simpatizamos con equipos foráneos, el hacerlo con el rival de toda la vida se me hace una traición a nuestros principios. No vivimos un buen momento, de hecho han sido esporádicas las situaciones agradables durante los últimos años, pero nos sobran las razones para ser fieles y amar inconmensurablemente a Millonarios y sólo a Millonarios.

Como dijo Paolo Di Canio jugador en ese entonces de la SS Lazio antes del derby de la capital italiana contra la Roma: "Con questa maglia addosso non ho paura di nulla" ("Con esta camiseta puesta no tengo miedo de nada").

Espero me entiendan. ¡SOMOS MILLONARIOS!

Juan Camilo Bejarano Varela
@bogothamcity

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