A dos años de la última noche de gloria

“Millos fue, durante dos meses, todo lo que le podemos pedir a nuestro equipo de fútbol” Jorge Barraza
Para nadie es un secreto que hace 20 años se inició la época más oscura de Millonarios, que aún seguimos padeciendo. Por ello, es muy fácil cometer el error de pensar que al iniciar esa era nefasta se dejó de presenciar el verdadero Millonarios, aquel identificado con las grandes faenas y las jornadas gloriosas: eso no es del todo exacto porque en muchos momentos de las últimas décadas se han vuelto a presenciar jornadas memorables que permiten pensar con esperanza que el gigante dormido puede levantarse en cualquier momento… los nombres de Vladimir Popovic y Miguel Augusto Prince vienen a la memoria de inmediato.
Para recordar un ejemplo reciente en que la hinchada de Millonarios tocó el cielo con las manos, como tantas veces hicieron los hinchas mayores con aquellos maravillosos equipos que se cansaron de desparramar talento y despertar admiración por las canchas de Colombia y el mundo, solo hay que retroceder dos años en el tiempo, y volver a aquella noche del 24 de Octubre de 2007, cuando el equipo dirigido por Mario Vanemerak levantó la bandera albiazul ante todo el continente al eliminar con contundencia a Sao Paulo, el gigante Brasileño y tricampeón de América y el mundo.
El camino al juego memorable
La hazaña se empezó a preparar el lunes 3 de Septiembre de 2007, cuando Mario aceptó ponerle el pecho a una situación bastante comprometida: Millonarios ya estaba prácticamente eliminado del campeonato (en la fecha 7!!!) después de dos escandalosas derrotas por 6-1 ante Quindío en Armenia, y por 3-0 ante Pasto en el propio Campín, que provocaron la salida del técnico Uruguayo Martín Lasarte. La situación era desesperada pues ante la prematura-práctica eliminación del campeonato, la única vía de escape era la Copa Sudamericana, en la que Millonarios había clasificado a segunda ronda, como único aporte positivo de Lasarte, eliminando a Coronel Bolognesi en Perú después de 180 angustiosos minutos con global de 1-1 (gol de Ciciliano en el minuto 175) y una definición por penales en la que Cuadrado atajó el cobro decisivo. El equipo estaba despedazado, la confianza de la hinchada por los suelos, y los “amigos” del micrófono prestos a reunirse como buitres, o hienas, para ahondar en la herida y gozar el momento, pues el rival en segunda ronda sería Atlético Nacional, el más odiado, y que “arrancaba con 4 goles de ventaja”, en palabras de uno de los comentaristas radiales más conocidos.
En tiempo record Mario le devolvió a los jugadores las ganas de pelear, algo de motivación, y los armó con un esquema sólido que explotaba al máximo las virtudes y minimizaba los puntos flacos de la plantilla… dos días después ya había formado un EQUIPO de la banda en descomposición que recibió (todo lo anterior parece fácil y se escribe en un par de líneas, pero no lo es). Ese equipo dejó literalmente en silencio al Atanasio Girardot la noche del 5 de septiembre de 2007, con un inapelable 3-2 a un Nacional que tuvo la ventaja del tiempo de trabajo, del aliento incondicional del periodismo, de la condición del local, y de los jueces… el jueves 13 de Septiembre se remataría la faena con el 0-0 en el Campín que sellaría la clasificación a octavos de final de la Copa Sudamericana (pero no todo fue tristeza para el verde, porque unas semanas después pudo celebrar una victoria por el campeonato ante la reserva nuestra, por cortesía del juez Duarte), y el domingo 16 se ganaría el clásico 100 a Santa Fe (el último que hemos ganado hasta la fecha) con gol de Bedoya, uno de los resultados que aunque no ayudo a clasificar en el campeonato por el gran déficit de puntos recibido, sí contribuyó a mejorar los números en el torneo, y ganar mucho en rodaje y confianza.
Con un equipo perfectamente armado, y que mejoraba en su funcionamiento a ojos vistas, enfrentamos al rival más fuerte que visitó el Campín desde aquel magnífico Peñarol de 1997: el Colo Colo chileno. Ante un rival que a priori era superior, Millonarios consiguió dos trabajados empates a un gol (25 de septiembre en el Campín con gol de Ciciliano, y 4 de Octubre en Santiago con gol de Mosquera) que llevaron la definición a la serie de penalties, y permitieron el lucimiento de Blandón al atajar el último cobro chileno y asegurar la victoria por 7-6… un triunfo enorme para un Millonarios que exactamente un mes atrás estaba destruido, y ahora estaba en el grupo de los 8 mejores equipos del continente… la prensa que semanas atrás se burlaba y auguraba la derrota inminente se tuvo que inclinar ante el más grande.El siguiente rival sería un gigante de talla mundial: Sao Paulo.
La visita a Morumbí se auguraba como una prueba muy complicada, pues si ese magnífico Colo Colo era un rival a priori superior, no hay que sonrojarse al reconocer que Sao Paulo era muy superior… un conjunto que dos años atrás se había coronado campeón de América y del mundial de clubes (venciendo nada menos que a Liverpool). Por ello, no fue sorpresiva la forma como los paulistas nos metieron en un arco la noche del 10 octubre en Morumbí, desdibujando el funcionamiento colectivo de Millonarios (la noche del debut de la famosa pantaloneta azul)… unas veces fueron los postes, otras veces las atajadas de Blandón, y otras la suerte (todavía me pregunto cómo no entró el gol en esa jugada del magnífico sombrero de Hugo a Salinas) las que salvaron la valla de Millonarios durante 80 eternos minutos. Allí apareció una magnífica combinación en la mitad, en la que Ciciliano habilitó a Zapata con mucho espacio por delante, para que este ganara en velocidad y definiera de forma excelente para entregarle a Millonarios una enorme victoria en uno de los estadios míticos del continente. La contribución global de Zapata en sus 7 años en Millonarios fue pobre, pero lo de esa noche hace que se le tenga alguna indulgencia. Millonarios tomaba una ventaja mínima, y debía esperar a la revancha del 24 de Octubre en el Campín.
La noche del 24 de Octubre
Lo sucedido esa noche lo recordaremos hasta el final de nuestras vidas. La hinchada vivió la previa del encuentro por muchos días, tanto que la derrota ante América de Cali en el Campín por 2-1 unos días antes no se sintió (esa derrota sepultó la última chance de pelear por entrar a los cuadrangulares, pero el solo hecho de haber podido recuperar tanto terreno en el campeonato, jugando en dos frentes, y con la herencia de 4 puntos recibida en la fecha 7, da un testimonio del tremendo revulsivo que había sido Mario Vanemerak para ese plantel). El día D el estadio estaba a un 70% de su capacidad desde las 5 de la tarde, cuando los hinchas esperábamos el partido en medio de una lluvia moderada (no se llenó antes por ser día laborable). La espera se hizo eterna hasta que los jugadores de los dos equipos saltaron al gramado para calentar, momento en que el estadio se convirtió en una caldera. El único motivo de preocupación de la hinchada, aparte del rival, era la ausencia de Gerardo Bedoya por lesión. Ante la ausencia del capitán y líder del equipo, Mario optó por conservar el 4-2-3-1 que lo había llevado hasta esa instancia, y darle confianza a Juan Carlos Quintero en el doble-5. Los escogidos para dar el salto al gramado, y a la historia, fueron:
En el arco Eduardo Blandón: Había debutado en Chile tras la lesión de Cuadrado en el partido de ida ante Colo Colo, y fue factor clave en la victoria por penales, así como en aguantar el chaparrón en Morumbí. El manejo correcto de dos arqueros jóvenes por medio de la sana competencia le dio seguridad al arco, e hizo pensar que se tenía arqueros para muchos años.
En la lateral derecha Andrés Salinas: Había debutado en el partido de vuelta ante Nacional por la expulsión de Rojas, y nunca más soltaría el puesto en el torneo. A pesar de su juventud supo encarar paradas muy bravas, y tuvo la confianza de Mario hasta el final.
En la zaga central Andrés Mosquera y Gonzalo Martínez: Mario le apostó a la veteranía de esta pareja para sostener la defensa, y no se equivocó. Mosquera aportó entrega y temperamento, y Martínez orden y velocidad.
En la lateral izquierda Alex Díaz: Debutante absoluto del primer plantel en este semestre, demostró muchísima capacidad y futuro en toda la copa, a excepción de su mala noche ante el América Mexicano, que opacó una actuación que, hasta ese momento, había sido impecable.
El doble-5 lo conformaron Juan Carlos Quintero y Rafael Robayo: Quintero había sido apartado del grupo por indisciplina (junto a Briceño y Zapata), pero recibió el indulto ante las necesidades de una nómina muy corta. Jugó el que fue su último buen partido con la camiseta de Millonarios. Robayo pasó de ser un jugador desechado por los anteriores dos técnicos a uno de los referentes del plantel, de la mano de Vanemerak, y quien le dio equilibrio al medio campo.
Las bandas las ocuparon Jhonatan Estrada por izquierda, y Ervin González por derecha. Ambos cumplieron a cabalidad el guión, que los obligaba a desbordar y abrir la cancha en ataque, y a retroceder para armar las dos líneas de 4 en defensa. Estrada demostró ser uno de los más desequilibrantes del plantel, cuando se planteaba con inteligencia su aporte.
El hombre libre del mediocampo, y figura del equipo fue Ricardo Ciciliano, a quien Vanemerak supo explotar al máximo al darle completa libertad de movimientos, restarle responsabilidades de marca, y armarle alrededor un esquema de ataque que lo colocara siempre en el papel de definidor. Fue el goleador de la copa con 6 tantos.
El único delantero definido fue Carlos Villagra, quien no vio puerta en la copa pero cumplió una labor de desgaste, presión y pivoteo importante desde el punto de vista táctico.
En la banca estuvieron José Cuadrado, Efraín Cortés, Carlos Palacio, Luis Zapata, Gustavo Rojas, Carlos “Telembí” Castillo y Óscar Briceño… y en espíritu el gran Gerardo Bedoya.
Con estos jugadores se dio inicio al juego a las 7:00 de la noche, donde solo 90 minutos separaban al club de la gloria. Sao Paulo, fiel a su estirpe de equipo grande, había llegado a Bogotá con toda su nómina disponible dispuesta a dar la remontada, y tomando la iniciativa desde el primer minuto. Los guerreros de Vanemerak siguieron su plan al pie de la letra esperando bien parados sin otorgar espacios (algo ayudaron las más de seis metros menos que tiene de ancho en gramado del Campín, con respecto al Morumbí), y saliendo rápido en la contra con Estrada y González por sus costados, para fundir rápidamente a los laterales paulistas. Con la altura y el desespero, cada minuto que pasara aumentaba las probabilidades de concretar la hazaña, y los 42.000 espectadores alentaron de principio a fin.Sao Paulo tuvo las mejores opciones del primer tiempo, y Blandón se lució en un mano a mano con doble remate al minuto 15, pero a medida que transcurrían los minutos el equipo azul se asentaba mejor en el terreno, y comenzaba a generar más peligro: Robayo y Quintero se sumaban al ataque con oficio, Díaz auxiliaba en ataque a Estrada, y este le colaboraba a Alex en defensa, Chalo y Mosquera mantenían la solidez atrás, Ciciliano movía los hilos, Ervin atacaba continuamente la espalda de su marcapunta y lo fundía con piques sucesivos, Villagra peleaba como podía contra las torres paulistas, y Salinas estaba presto a cortar cualquier peligro de contragolpe con faltas tácticas en la mitad de la cancha (en la mitad de la cancha, no en alguna zona donde Rogerio Ceni pudiera tener un tiro libre… una gran pérdida la de este pelado para la defensa de Millonarios)… y Vanemerak se movía inquieto en la zona técnica, queriendo jugar él también el partido, y pidiendo concentración y entrega. Con el 0-0 nos fuimos al descanso, en medio del aliento de los 42.000 espectadores que veían que la mitad del trabajo estaba hecho.
Para el segundo tiempo se mantuvieron las mismas ideas futbolísticas, solo que el tiempo pasaba inexorablemente y Sao Paulo se desgastaba y arriesgaba cada vez más: a los 27 minutos ya el DT paulista había quemado los tres cambios con más hombres de ataque para tratar de buscar el gol de los penales. Millonarios no se desordenaba, y manejaba el partido a su gusto, muy diferente a la presión intensa sufrida en Morumbí… faltaban 15 minutos, y la clasificación estaba al alcance de la mano.Y vino la apoteosis: al minuto 76 Robayo inició un contragolpe de libro sobre la raya de oriental, y le alargó el balón a Estrada; este lo perdió al intentar enganchar, pero el rechazo lo volvió a tomar Robayo, quien lo devolvió a Estrada, y este lo paró bien y ejecutó una jugada preparada (que fue calcada de aquella del empate de Ciciliano ante Colo Colo) al centrar el balón al segundo palo para Ciciliano, mientras Villagra arrastraba a los defensores hacia el primero. El calvo definió de primera con pierna derecha dejando parado a Rogerio Ceni, y el grito de gol se escuchó desde el castillo Marroquín hasta Soacha… Millonarios daba un paso gigante en su ambición de clasificar, y el tricampeón mundial estaba entre la espada y la pared: ya no había penales y si no marcaba dos goles quedaba eliminado.Andrés Salinas, de gran actuación en el juego y en la Copa, tuvo que dejar la cancha por lesión, y le dejó su lugar a Gustavo Rojas. Millonarios tuvo que soportar un poco menos de cinco minutos de intensa presión porque el gigante Brasileño botó los restos y armó un cerco alrededor del área de Blandón. Al minuto 78 ganó un tiro libre en tres cuartos de cancha, que fue centrado al área chica, y ante la mala salida de Blandón se produjo un remate que estuvo a punto de decretar el empate, pero apareció Andrés Mosquera para despejar en la raya. Sao Paulo recuperó el rebote y persistió en su ataque (los 10 jugadores blancos estaban en campo azul), pero el rechazo subsiguiente de Quintero fue capturado por Villagra, quien la colocó al vacío a Ciciliano (Ricardo tuvo la gran lucidez de aguardar el pase antes de cruzar la mitad de la cancha… el movimiento fue milimétrico porque una décima de segundo que se demore el pase, o que se anticipe la carrera, y hubiera sido fuera de lugar), y este corrió en solitario y definió abajo, a la salida del arquero, para sentenciar la serie y poner a vibrar al estadio.
Solo después del segundo gol, Sao Paulo dobló la rodilla, y Mario mandó a la cancha a Zapata (para el aplauso del público por el gol en Brasil) y a “Telembí” Castillo por Alex Díaz y Ervin González. Telembí estuvo a punto de marcar el tercer gol un minuto después, pero el asunto estaba sentenciado. Con un global de 3-0 Millonarios eliminaba a uno de los clubes más grandes del mundo, con toda su titular, y tocaba el cielo solo un mes y medio después de estar en el infierno. El reconocimiento del público a sus héroes fue memorable, y todos permanecimos dentro del estadio celebrando por más de media hora. No era para menos, Millonarios recuperó la memoria por un par de meses, y se colocaba entre los 4 mejores equipos del continente, en una campaña (con muchos más méritos teniendo en cuenta la categoría de los rivales) que ningún equipo Colombia ha podido siquiera soñar en igualar desde entonces… por dos meses Millonarios fue de nuevo Millonarios, de la mano de uno de los últimos ídolos que le dieron títulos al club.
Algunos medios locales quisieron adjudicarle todo el mérito de la victoria a la altura, pero el gran Rogerio Ceni declaró en su propia página web “Queríamos ganar y nos vamos con la tristeza de no hacerlo… la altura no es excusa, ellos fueron superiores”. Estas palabras nobles de un verdadero señor del fútbol fueron la frutilla del postre para la victoria más importante de Millonarios desde aquella que el equipo del “Nano” Prince obtuvo en Medellín el 14 de Julio de 1996, cuando con goles de Marcio Cruz y Ricardo Lunari se le ganaba el cuarto partido en serie a Nacional, y se aseguraba un subtítulo meritorio (que debió ser título, pues Millonarios hizo más puntos que Deportivo Cali).
El legado
Un par de semanas después Millonarios enfrentaría otro duelo memorable ante un magnífico América Mexicano (plagado de estrellas como el portero Guillermo Ochoa, y el ariete Paraguayo Salvador Cabañas), y de la mano de un gigantesco Gerardo Bedoya remontaría parcialmente una desventaja de dos goles en la noche del 7 de Noviembre (el estallido de la tribuna en el minuto 67 cuando Jhonatan Estrada empató el juego a dos superó incluso el de los goles ante Sao Paulo) aunque esta vez la suerte fue esquiva, y la lesión de Bedoya cuando no habían cambios disponibles permitió la victoria final del conjunto Mexicano. La despedida del equipo, en un momento en que los hinchas nos sentíamos despedazados, fue con un atronador aplauso… como le sucedió al equipo de Peluffo en la noche nefasta del 7 de diciembre de 2003, como le sucedió al de Umaña en la tarde del 7 de diciembre de 1997… cuando los jugadores se comportan como jugadores de Millonarios el resultado es el aplauso, aunque el resultado sea negativo. Después Mario Vanemerak quiso mantener el espíritu de desafío ante la adversidad, con aquel “me tienen que matar para sacarme de la copa”, pero un Chileno de apellido Selman le tomó la palabra, decidió que no había que correr el riesgo de que Millonarios consiguiera otro resultado imposible, y la noche del 13 de Noviembre literalmente mató las ilusiones de Vanemerak, de los jugadores, de los hinchas y de Millonarios en solo 10 minutos.
Más allá de aquel meritorio tercer lugar de América, el principal legado de ese torneo (con pico máximo la noche de Sao Paulo) es que cuando se recupera la identidad de ser parte de Millonarios (la mística, el orgullo, la determinación) no hay nada imposible, y la hinchada respalda incondicionalmente incluso en la derrota… eso fue lo que supo inyectar Mario Vanemerak, y por lo cual se sumaron los milagros. Algunos han apuntado que no se presentó nada de mística, o influencia de Vanemerak, sino de afán de lucro, por los premios que se pagaron por avanzar en la copa, pero sinceramente yo creo que esa es una visión muy miope de la situación: el dinero ayuda (por eso todos los clubes del mundo pagan premios) pero no determina. Si el técnico no sabe parar a los once mejores, y trabajar la táctica, no hay dinero que salve las papas; con dinero nadie puede conseguir que Briceño, por poner un caso, le marque tres goles a Rogerio Ceni, o que Gustavo Rojas desempeñe un papel como el que sí supo desempeñar Andrés Salinas; con solo dinero no se puede conseguir que Gerardo Bedoya trate de seguir en el terreno a pesar de un desgarro… lo fácil es pensar en ese momento que no se puede seguir por el dolor y que ya se ha ganado suficiente dinero; si todo fuera el dinero hace rato hubiéramos sido campeones, sin necesidad de talento y trabajo. El dinero complementa, pero sin una base más sólida no tiene efecto, mucho menos ante rivales superiores. Además, el dinero que se ganó por los éxitos deportivos de la Copa superó con creces el que se pagó en premios (y nos hizo soñar con una equipo imbatible para el 2008, pero esa es otra historia), por lo que no se trata de que Millonarios tuvo que endeudarse para ganar ese tercer lugar: los premios se pagaron solos en un círculo virtuoso con los éxitos.
La puerta siempre está abierta para que cualquier plantilla pase del infierno al paraíso, pero para eso se necesita no solo entrega, profesionalismo y mucho trabajo por parte del cuerpo técnico, sino identificación con el club, sus valores, su historia y su hinchada, para entender que Millonarios siempre debe mirar a los ojos a sus rivales, y salir a buscar las victorias sin importar los riesgos y las circunstancias… la plantilla del 2007, guiada por un técnico genial, supo mirar a los ojos sin sonrojarse a gigantes del continente, y por eso el equipo Vanemerak 07 ganó un lugar digno en el recuerdo de la hinchada al lado de los equipos de Pinto 84, Popovic 94, Prince 96, Umaña 97, Peluffo 03 y tantos otros que no pudieron alcanzar los trofeos pero sí realizar campañas dignas que les valieron un lugar en la historia, solo un escalón debajo de las que sí consiguieron los títulos.
El calendario quiso que Millonarios se juegue un partido definitivo nuevamente en esta fecha de Octubre 24, que siempre debería estar marcada como gloriosa, lo que puede ser un buen augurio. Por eso, el equipo García 09 tiene la palabra hoy a las 6:20 ante el Dim (como primer paso), para mostrar si es capaz de seguir la estela, y convertir los abucheos en aplausos… para eso tendrá que mostrar que ha entendido, finalmente, lo que es Millonarios.

