¿Qué decir?
EDITORIAL
Lunes 29 de septiembre
AMÉRICA 1 – 0 MILLONARIOS
Estadio Pascual Guerrero, Cali
Domingo 28 de septiembre
Por: Felipe Miranda.
Editor Millonarios.com.co
Aunque los embajadores no brillaron por su presentación defensiva y América propuso más, la terna arbitral, cuando el juego estaba equilibrado en el marcador, incidió directamente en el resultado: expulsó de manera descarada a Cassierra y anuló un gol legítimo de Tejada. Una más para la Comisión… y nada cambia.
Exigimos garantías
Mal haría en señalar, o si quiera insinuar, que los árbitros han sido culpables únicos del declive futbolístico sufrido por Millonarios; la precaria generación de volumen ofensivo, así como su nula profundidad, es producto de dos factores funcionales: mal entendimiento en la relación volantes-delanteros y errores en la definición.
Pero también cometería un error, tal vez igual de grave, si dejara aparte -como he visto en la gran mayoría de los medios- la influencia directa de los yerros arbitrales en el desarrollo de les juegos frente a Santa Fe, Nacional y América.
Rafael Robayo, jugador irremplazable en el esquema táctico de Quintabani, sólo jugó 15 de los 270 minutos que sumaron el trío de contiendas: tras recuperar un balón en su propia área, dejó en el camino a González, defensor santafereño. Este último, impotente, lo agredió tres veces contiguas –la última sin balón- y fue expulsado con justicia. No obstante, Robayo, al ponerse de pie, vio la tarjeta roja.
Hoy, más de una semana después, he analizado la jugada un sinnúmero de veces con fin de encontrar una respuesta que satisfaga la imprudencia cometida por Wilmer Roldán, juez central, y, aunque sonará atrevido, no hay ninguna explicación (coherente) diferente a la presión verbal ejercida por el banco de los rojos.
A partir de la salida de Robayo, Millos perdió la conexión entre el medio campo y los atacantes. Por su parte, Santa Fe aprovechó la ventaja otorgada por el árbitro y, en consecuencia, controló las intenciones de su rival. Además, después de sancionar una pena máxima indiscutible a favor de los embajadores, Roldán, falto de carácter, se dejó manipular por su asistente de oriental y canceló el cobro.
Resulta incomprensible que Roldán, el mismo que irresponsablemente expuso la obtención del título de Boyacá Chicó hace dos meses, sea designado por la Dimayor para cualquier partido y, sobre todo, los de “Clase A”, como el disputado el pasado 20 de septiembre.
¿Hasta cuándo?
Luego de la derrota contra su rival de patio, los albiazules recibieron a Nacional en El Campín con la esperanza de recomponer el camino. Sin embargo, aparte de encontrarse con un rival cuya propuesta fue ultradefensiva, volvieron a presentar falencias en la producción de ataque.
Como valor agregado, José Luis Niño, central del partido, en complicidad con sus asistentes, inclinó –sólo ellos sabrán si fue con intención- la cancha a favor de los paisas: faltas inexistentes cortaron el juego, contragolpes de Millonarios fueron cancelados sin explicación, un gol anulado a los azules, un penal claro sobre Rodríguez no sancionado, etc.
A falta de veinte minutos, Gerardo Bedoya, al protestar con justa razón, fue expulsado, según Niño, por un reclamo airoso. Lo discutible, aparte de la grosera actuación de su terna, es la parcialidad para efectuar este tipo de decisiones; Bedoya no fue el único que discutió subido de tono, de hecho, muchos jugadores verdes lo hicieron. ¿Mala memoria, Niño? O, tal vez, ¿Presión del banco antioqueño?
Ayer, con un planteamiento defensivo y sólido, los capitalinos, en el primer tiempo, supieron contrastar una delantera rápida y efectiva como la de América. Las fallas de su funcionamiento no variaron mucho de las presentaciones contra rojos y verdes. Empero, con remates de Tejada, Pérez y Rodríguez, estuvieron cerca de irse en ventaja.
No obstante, en la segunda etapa, los dirigidos por Quintabani no pudieron dominar a los caleños con la misma claridad y, de nuevo, volvieron a perderse en la zona ofensiva. Así las cosas, cuando toda parecía destinado a un empate, Mauricio Cassierra, en una falta que ni siquiera da para amonestación, fue expulsado ante el desconcierto de propios y extraños (curiosamente en la misma zona donde Robayo y Bedoya contaron con su misma suerte: frente al banco contrario).
Haciendo resistencia a su poca profundidad y la rapidez de los rojos, Tejada partió habilitado –dos metros, por lo menos- y, frente a la salida de Berbia, definió desde fuera del área. El gol, como era de suponerse por los antecedentes, fue anulado por Jorge Ramírez. Además, a Milton le fueron sancionados tres fueras de lugar seguidos e inexistentes.
Cabe recordar que Ramírez, el año pasado, dirigió el encuentro entre americanos y bogotanos llevado a cabo en la misma ciudad (2-2). Luego de ir arriba en el marcador, los azules sufrieron los desaciertos de este señor: un gol que, por una falta descarada, debió anular -no lo hizo- y un penal en contra mal sancionado que terminó en las manos de José Cuadrado.
Protagonistas externos
Colombia, desafortunadamente, padece desde hace muchos años una crisis profunda en cuanto al desempeño de los integrantes de la Comisión Arbitral. De hecho, este problema la ha costado títulos y clasificaciones a diferentes equipos del rentado nacional (muchos de ellos chicos).
Si Millonarios hiciera memoria de los perjuicios ocasionados por los árbitros en la última década –por no decir más-, tendría, sin lugar a dudas, una larga lista con pruebas audiovisuales en la mano.
Dadas las frecuentes equivocaciones en contra de esta institución y a favor de los clubes de siempre –esperamos que no sean tendenciosas-, muchos aseveran que Millos está siendo perseguido por los árbitros y, a decir verdad, tras sucesos como los mencionados, poco o nada se puede refutar.
Los árbitros juegan un papel fundamental en el desarrollo de los encuentros balompédicos; en últimas, son ellos los dueños de la autoridad y sus decisiones, muchas veces no compartidas, deben ser respetadas y acatadas a cabalidad. Empero, en situaciones como esta, su protagonismo se torna nocivo; está influyendo en contra nuestra. Juzguen ustedes mismos…
Libertad de opinión
Por si fuera poco, las posiciones sobre los desaciertos arbitrales han sido sancionadas con cifras millonarias por parte de la Dimayor. Algunas fueron hechas en maneras inapropiadas pero, debemos recordar, no todas han sido así. Lo más preocupante es que las personas que reclamaron tuvieron, en la mayoría de los casos, la razón a su favor y, sin embargo, las circunstancias no han cambiado.
El pasado 24 de agosto, en Pereira, Millonarios cayó por 3-2 frente al equipo local que, al final del primer tiempo, ganaba 2-0 gracias a dos imprecisiones de los jueces: una falta y un penal inexistentes terminaron dentro del arco millonario. En seguida, la presidencia del club se quejó de manera formal y escrita tanto con la Dimayor como con la Conmebol, ¿Qué ha cambiado?
Millonarios, en todas las formas diplomáticas, ha presentado reclamos cuando ha sido necesario y la situación parece empeorar cada vez. Es más, este medio ha servido como espacio para expresar pacíficamente este tipo de opiniones.
¿Y los medios?
Por otra parte, como periodista, me resulta increíble apreciar las reseñas audiovisuales, radiofónicas o impresas, que hacen los medios de comunicación sobre los distintos compromisos del fútbol profesional colombiano.
No sólo son incompletos; carecen de contenido y análisis. Basándose en el qué, el dónde, y el cuándo –algunas veces- dejan de lado el cómo y el por qué, argumentos esenciales para la redacción.
Por ejemplo, muy pocos reseñaron que en la undécima fecha de la Copa Mustang II cierto equipo ganó gracias a un penal inexistente o que Millonarios, pese a una gran presentación de los caleños, se vio afectado directamente por las decisiones de Jorge Ramírez. La información, de importancia suprema, debería encontrarse en el lead de la nota.
Seguramente, si a la Selección Colombia le fuera marcado un gol por un penal inventado o sufriera la anulación de un gol legítimo, y su rival de turno, por esas circunstancias, se impusiera en los últimos minutos, la cobertura sería completa y precisa en ese sentido.
Así como han otorgado páginas, minutos y tinta, a la información de los actos vandálicos protagonizados por distintas hinchadas en los últimos meses, deberían preocuparse -también- por ser éticos en la profesión y comunicar de manera profunda las irresponsabilidades del arbitraje nacional.
Sigue...

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