primero lean y reproduzcan esto por favor.....
mañana les cuento Muy Buenas y malas noticias.....
Como los cangrejos…
Por orden de la FIFA todos los estadios donde se disputen partidos de las Eliminatorias tendrán que tener un 100% de silletería en todas sus localidades. Hasta ahí, todo perfecto. Sin embargo, a los inteligentes funcionarios del IDRD, en cabeza de José Tapias, se les ocurrió la fantástica idea de poner sillas con espaldar en las tribunas Norte y Sur de El Campín (!).
¿Por qué?, ¿para qué?, preguntaría asombrado cualquier asistente regular al estadio con un coeficiente intelectual superior al de un organismo invertebrado (porque también los hay sin esta virtud… especialmente en la zona de prensa). De entrada, es obvio que si hay un lugar inadecuado para disponer este tipo de silletería es en las tribunas Laterales, donde fecha a fecha se ubican las barras de Millonarios y Santa Fe, con toda su tradición de cantos, saltos y demás muestras de pasión y alegría, inherentes al espectáculo del fútbol.
De hecho, ¿cómo puede ser posible que se tome está medida siendo que en el pasado se probó con total efectividad que las sillas sin espaldar cumplen efectivamente la función? Para los no entendidos, hablamos del año 98, cuando las Laterales fueron cerradas por remodelaciones y las barras se ubicaron en Oriental General, donde ya se había colocado la silletería que permanece hoy en día. Fue esa curiosa época en la que los empates se definían por penales -lo que multiplicaba la celebración de goles por partido- y, sin embargo, nunca se dañaron más de un puñado de sillas.
Suponíamos que el hecho había sido omitido accidentalmente por el actual Director del IDRD, pues por aquella época concentraba su atención en sus Piratas y el baloncesto, pero no. Según la lógica abrumadora de José Tapias las sillas con espaldar son una medida para que se acaben las hinchadas (!) en Norte y Sur… eso los va a obligar a sentarse (?).
¿Perdón? En ningún momento entendemos quién o qué le confirió el derecho al señor Tapias de decidir cuál es la manera cómo la gente debe alentar o celebrar los goles de su equipo, ni cómo expresar sus emociones en un espacio al que pagó por ingresar. Mucho menos, fundado en qué se tomó la libertad quijotesca de tratar él solito de suprimir esta práctica cultural y tradición futbolística simplemente porque le pareció inapropiado en su microcosmos mental. ¿Percibo un ataque de megalomanía, José? ¿Tratando de captar más de lo que puede abarcar?
Mejor aún, ¿cuál es el próximo paso? ¿Impedir celebrar los goles? Efectivamente, eso también está en la lista. Pasando por encima de toda consideración racional, el personal del IDRD decidió quitar los rompeolas de esas tribunas sin consultarle a nadie (ni siquiera a Goles en Paz). Una idea brillante teniendo en cuenta que los mismos fueron instalados después de que una baranda de Lateral Norte cediera en 1999 (de nuevo ocupado con Piratas…), hecho que dejó un saldo de 42 heridos y -solo de milagro- ningún fallecido. Tiempo después hubo episodios similares en Cali y Barranquilla, con muertos incluidos. Para entonces ya nadie cuestionó la necesidad de los rompeolas… hasta hoy.
Según la lógica de Tapias y su equipo, de ser posible, no deberían existir los cinturones de seguridad ni los semáforos. Lo mejor es que la gente se estrelle y muera, así con el tiempo optará por caminar o usar bicicleta. Es más, si llegaran a usar bicicleta se deben adaptar las vías para generar lesiones a los ciudadanos y dañar la infraestructura de las mismas. Con el tiempo todos decidirán caminar. El modelo Tapias de previsión de situaciones de riesgo y modificación de la conducta es insuperable, en cualquier contexto que se le mida (por ejemplo, si él fuera el organizador del Carnaval de Barranquilla pondría barricadas con púas en las calles y ambientaría con Stravinski –en el mejor de los casos-).
Es bastante obvio que en esta ocasión el concepto “seguridad” no asomó en ningún momento por la cabeza de los muchachos del IDRD. Tampoco “sentido común”, “respeto” o “eficiencia”. Sí, en cambio, negligencia y estupidez, a un costo muy caro, para el Distrito y especialmente para los equipos. La cereza de todo este pastel es que Millonarios y Santa Fe tendrán que pagar por los daños O-B-V-I-O-S que sufrirá la silletería fecha a fecha.
No se necesitan vándalos o desadaptados, ni un acto de sabotaje deliberado; las sillas se van a romper por la sencilla razón de que hay gente saltando encima de ellas y chocando contra los espaldares, aunque esta simple premisa rebase los conocimientos de física del “equipo editorial” –lo diremos por convención- de Deportes de algunos diarios nacionales. Aunque a quién le extraña, si estamos hablando de los mismos “periodistas” que fundan su línea editorial en chismes de calle y lo expresan con una redacción equivalente en profesionalismo. Aunque su postura es coherente: debe ser muy cómodo decirlo para alguien que efectivamente no concibe su vida sin estar todo el día haciendo nada en una silla con espaldar.
Pero está bien, supongamos que todos vamos a acatar la voluntad omnisapiente de José Tapias, nos sentamos delicadamente en la tribuna, usamos monóculo y simulamos un poco de afección con cada anotación mientras aplaudimos tímidamente al mejor estilo de la nobleza británica. ¿Y los otros? Hagamos numeritos.
En los partidos Clase A (Santa Fe, Nacional, América) Lateral Sur estará habilitada para los visitantes, pero la responsabilidad ($$$) seguirá corriendo por cuenta de Millonarios. Si las otras hinchadas dañan, digamos, unas 2000 sillas –que con base en sus antecedentes es perfectamente posible-, Millonarios tendría que pagarle a los genios del IDRD más de 140 millones de pesos por partido… consecuencia: si no cambian la silletería, Millonarios estará obligado a prohibir el ingreso de dichas barras. Sería irónico que los hinchas pagáramos solo por suplir los caprichos de una administración que muchas veces ha demostrado su inoperancia e ineptitud, atentando contra los intereses y patrimonio del equipo y sus hinchas (recordemos, es una historia de los mismos creadores de “Debemos cerrar unas fechas El Campín porque decidimos convertir la gramilla en una pista de Cross Country”).
En toda Sur América (un tip: donde Colombia disputa sus compromisos eliminatorios) la gente ve los partidos de pie en las tribunas populares. En Argentina, por poner un ejemplo, los estadios que están habilitados para jugar los partidos de las Eliminatorias tienen silletería sin espaldar en dichas tribunas. ¿Por qué? Sencillamente por una cuestión de sentido común (ese mismo país donde muchos de los que aquí denigran contra las hinchadas locales pagan paquetes turísticos para ver un River vs. Boca, por “la fiesta y el colorido”… cuánta hipocresía). Además, conservan los rompeolas, de manera que no se genera una sensación innecesaria de temor entre los hinchas y clubes, pues los directivos no esperan solapadamente a ver si sus excéntricas teorías funcionan o simplemente sucede una tragedia.
Dos puntos claros: uno, ya es hora de que Millos vuelva a revivir el proyecto de su estadio propio; no podemos seguir dependiendo de los caprichos e ignorancia de terceros. Dos, por el bienestar de la institución y sus hinchas es necesario que vuelvan a instalar los rompeolas y la silletería sin espaldar (¿Qué tan difícil era ponerla como la de Oriental?). Cualquier otra consideración es una muestra de irresponsabilidad y negligencia. Esperamos que no sea necesario recordarlo el día que haya algo por lamentar.
Sebastián Rojas

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