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Sollim Herrera Interesante artículo de Barraza sobre Millonarios
Millos ya está en el recuerdo
Jorge Barraza. Columnista de EL TIEMPO.
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Millos fue, durante dos meses, todo lo que le podemos pedir a nuestro equipo de fútbol
Un equipo por encima del resultado.
¿Lo único que sirve es ganar? Ciertas consignas publicitarias y el discurso de algunos entrenadores han instalado un mensaje trapacero: "ganar es lo único", "ser segundo es nada". Millonarios lo ha puesto en duda. Reflotó aquella pregunta con su ponderable actuación en la Copa Sudamericana. Exhibió un espíritu casi amateur, prestigió al torneo con montañas de dignidad y conquistó la simpatía de millones a lo largo del continente que siguieron sus partidos por TV.
Más que eso: sus hinchas jóvenes nunca se vieron tan representados por el equipo como en estos días felices. Los correos de lectores reflejaron el orgullo de la nación azul, que asumió tras el 2-3 en Bogotá la posible eliminación ante un poderoso como el América; no obstante, se sentían igualmente agradecidos con sus jugadores por el conmovedor esfuerzo, la hombría con que tapizaron el rectángulo de El Campín. Esa noche y las anteriores.
A tanto llegó la entrega del equipo que se puso por encima del resultado. A salvo de él.
-Nunca me pareció un elogio decirle a un jugador que es un gran profesional. Lo amateur me merece más respeto -escribió Ángel Cappa en su libro ¿Y el fútbol dónde está?
Sigue: -Y si no, miremos lo que dice Fernando Trueba, el director de cine: "Debemos evitar a toda costa que el ejercicio de la profesión nos convierta en profesionales. Todo buen cine es amateur".
Cappa es un entrenador argentino radicado hace años en España. Transcribimos otra de sus espléndidas reflexiones: -"Lo único que queda es el resultado, te dicen siempre. "¿A quién le importa si jugaste bien cuando perdés?", te preguntan. "¿Quién se fija si jugaste mal cuando ganás?", insisten. Dejemos que responda Antonio Machado: "Sólo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás". Como expresó días atrás un comentarista de televisión: "Si lo único que importa es el resultado, no mires el partido, comprá el diario al día siguiente y fijate cómo salió".
Millonarios nos retornó "a lo de antes". ¿Qué era eso? Cosas simples: el orgullo de nuestro club, la vigilia de toda la semana esperando celebrar la jugada memorable del "diez", las lindas locuras del puntero derecho, esa trabada machaza del zaguero centro, el arquero que nos salvó con dos voladas al ángulo, el desempeño valeroso de nuestro equipo en condición de visitante.
Millonarios demostró que para abarrotar el estadio, para reinstalar en el hincha el orgullo de su club, no es necesario tener un plantel de 200 millones de euros. Ni que juegue Ronaldinho para nosotros. El domingo último vimos al Barcelona superestelar arrastrar su sombra ante la modestia del Getafe. Un equipo valuado en 400 o 500 millones dando pena ante otro que suena como una estación de tren o un antibiótico.
Lo que se necesita es regar el césped con tu sangre, como hacía Alfredo Di Stéfano. Como hizo Gerardo Bedoya, elevado al supremo cargo de generalísimo. Como hicieron sus compañeros, incluso el técnico, que parecía querer entrar al campo a dar una mano; o una pierna.
Se pareció, Millonarios, al Chapulín Colorado, el maravilloso antihéroe del genial Roberto Gómez Bolaños, que, aun considerándose inferior, afrontaba los peligros igual. Se sabía menos que el América potentado, mas no le importó.
Millos fue, durante un par de meses, todo lo que le podemos pedir a nuestro equipo de fútbol. Eso y una fuerte aventura humana: gloria, contratiempo, esperanza, emoción, angustia, sonrisa, llanto.
Pese a no ir más allá de la semifinal, ha hecho huella, puede nacer aquí una nueva etapa del club, más pródiga en sonrisas que en lamentos.
Le pidieron a Roberto Fontanarrosa que recordara equipos que le habían impactado. Se acordó de una poética Selección Peruana del '59 con Gómez Sánchez, Loayza, Terry, Joya y Seminario. Y de Holanda finalista del mundo en el '74. ¿Pero ninguno fue campeón?, le preguntaron.
-Es que la memoria no se rige por eficientismos. El fútbol que vale es el que uno guarda en el recuerdo.
Jorge Barraza