Café amargo

Café amargo

    Parte de vivir es aprender lecciones día tras día que te enseñan a corregir y saber llevar el camino. A nosotros, los hinchas de Millonarios, la vida nos enseñó -o tal vez, nos reenseñó- que por más que el rendimiento colectivo supere las expectativas y que se merezcan las victorias sin objeciones, existen otros factores que pueden alterar en cualquier momento el desarrollo de un partido. Millonarios ganaba por la mínima en Armenia y jugaba bien, mostrando una actitud superlativa, pero un fallo individual, de esos que duelen y cuestan dejar atrás, impidió que el equipo embajador se llevara tres puntos de la "ciudad milagro" y, en cambio, resignara dos. Millonarios terminó empatando, casi pierde sobre el final, pero dejó una gran impresión en la cancha y hasta quedamos fríos, porque los tres puntos parecían seguros.

Video de este partido: http://www.losmillonarios.net/Multimedia/Videos-de-Partidos/videos-2009-2-mustang-quindio-millonarios.html

Más allá de decir que "se consiguió un punto", podemos decir que se perdieron dos. Por lo que significó el trámite, por cómo se dieron las cosas y por la forma en como Quindío empata, el marcador supo a derrota. Millos estaba ganando cuando faltaba muy poco, Quindío había despilfarrado las opciones más claras y parecía claudicar, la victoria se deslumbraba con el pasar de los segundos, pero llegó ese momento negro, ese momento en el que aquel que era el mejor jugador azul de la cancha pasa de héroe a villano en cuestión de segundos, sólo por querer adornar su presentación, lo que le costó al equipo salir empatado y perder dos puntos increíblemente.

En un estadio azul, azul como siempre, en donde Millonarios parecía local, en donde la asistencia confirmaba la fidelidad de un pueblo que, con ilusión, llenó la carretera de buses, carros particulares y motos para colmar las tribunas del Centenario. Tanta fue la gente que llegó, que las tribunas del estadio no parecían las del Centenario sino las de El Campín. Ni siquiera el animador de "Aguardiente Cristal", marca patrocinadora del equipo "local", pudo contener la euforia del pueblo Millonario. Tampoco pudo contenerla la presencia de los gobernadores del Caldas y Quindío y la alcaldesa de Armenia. No, la noche del sábado no era la propicia para las propagandas políticas y la publicidad barata. La noche del sábado no era la propicia para regalar camisetas gigantes del patrocinador a la inexistente "barra brava" del equipo "milagroso". No, la noche del sábado tenía más bogotanos que Caldenses y Quindianos juntos en las tribunas. Por eso el animador estaba quemado, y había que entenderlo... Ni "Krusty, el payaso" hubiera podido animar un estadio que de cafetero no tenía nada, era más azul que nunca. Tanta expectativa generó la presencia de Millonarios en Armenia, que no faltó el hincha de Nacional presente para ver tan magnánime espectáculo, ver a papá en vivo y en directo.

Quindío trató de imponerse al principio, tuvo la primera opción clara cuando Bélmer Aguilar cabeceó desviado luego de un cobro de pelota quieta. Pero Millonarios, que había empezado el partido frío, se aplomó poco a poco en el terreno y tomó la batuta del juego. Araújo se mostraba como el jugador diferente, el que hacía los tiempos. El partido se jugaba al ritmo del volante ofensivo de Millonarios. Inclusive, tuvo la primera opción clara de abrir la cuenta cuando Wilson Cuero le puso un pase preciso en un contragolpe, el volante superó a su marcador con una gran finta, eludió al portero y sólo Dios sabe cómo hizo Pinzón para, vencido, sacar un segundo aire y enviar el balón al córner cuando parecía gol cantado.

Millonarios siguió imponiéndose, pasando la pelota de un lado a otro, descontrolando al Quindío y generando llegadas de riesgo, hasta que llegó el gol: un tiro libre de Bustos que pegó en la barrera y desorientó al golero "cafetero". Iban 26 minutos, y el resultado era justo.

Quindío trató de reaccionar, pero sólo trató. El primer tiempo fue todo de Millonarios. El equipo supo pasar la pelota, supo avanzar y retroceder. Supo volver locos tanto a jugadores como a hinchas del Quindío, que veían con poco optimismo como el equipo embajador se hacía cargo de todos los sectores de la cancha con practicidad y simplicidad.

El segundo tiempo fue distinto. A Millonarios la "gasolina ofensiva" le duró diez minutos, tiempo en el cual tuvo opciones claras de aumentar la ventaja. Después de eso, apareció Mauricio Romero, el 10 del local, que se encargó de echarse a su equipo al hombro e inclinar la cancha a favor del equipo "milagroso". Romero tomó la batuta de un equipo hasta entonces desordenado y logró llevarlo a generar riesgo sobre el marco de Cuadrado.

Quindío empezó a acercarse con peligro, pisó muchas veces el área azul con riesgo y tuvo un arma importante en la pelota quieta, ítem en el que Millos debe mejorar muchísimo porque muchas veces un quindiano cabeceó solitario. Entre tanto, Cuadrado se mostró gigante atajando las dos llegadas más claras que tuvo el Quindío en el segundo tiempo.

Millonarios apostó al contragolpe, los azules se emprendían hacia tierras cafeteras en bloque, como si estuviera muy bien entrenada la jugada, pero siempre faltó algo, esos cinco centavos para el peso, sobre todo porque el individualismo pecó más de la cuenta en los jugadores azules cuando llegaron perfilados sobre el arco de Pinzón.

Quedaban cinco minutos, Quindío parecía haber quemado todos sus cartuchos y la victoria parecía segura, pero en una de esas jugadas atípicas, Araújo falló. Quiso ser artista de película de hollywood y terminó siendo artista de circo barato. Fue después de un tiro de esquina del Quindío que no tuvo riesgo, el volante recibió el balón en su propia área, era cuestión de despejar la pelota a cualquier parte, pero quiso hacer un lujo, un "sombrerito", pero le salió mal y en cambio generó una falta penal. Costaba creerlo, cuesta creerlo todavía. Un error de esos de jugador de equipo de barrio o de colegio, ¡y Araújo era de los mejores de Millos a lo largo del partido!. Rodas no desaprovechó y anotó el empate por la vía de los once metros. Lo que parecía una victoria segura y justa se transformó en una igualdad infame. El 'chiqui', de inmediato, hizo ver su descontento: sacó a Araújo de inmediato y envió a Blanco al campo.

Los minutos restantes dejaron la expulsión de Féiver Mercado en el equipo local. Bustos la tuvo en un tiro libre de costado que por poquito se cuela en el ángulo de Pinzón. Y después, el Quindío la tuvo cuando Santoya remató en el área con mala ubicación. entre Cuadrado y los centrales sacaron el balón de la línea, casi perdemos un partido que parecía estar en las manos.

Parte de vivir es aprender que desconcentraciones individuales pueden costar victorias. Javier Araújo lo mostró el sábado. Ahora viene el Tolima, colero del torneo, en casa, y se espera una asistencia masiva el próximo fin de semana. Por ahora, sólo queda decir que lo que parecía un café sabroso terminó siendo amargo, y todo por una desatención, de esas que dejan tristeza, rabia e impotencia entre los hinchas, más cuando el equipo en conjunto había hecho un gran partido y empatar era simplemente como perder.

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